El crudo relato de los médicos venezolanos en la primera línea de rescate

CARACAS.- “Un país que carece de seguro social es un país desnudo”, afirmó este domingo el sacerdote en su homilía, al ofrecer una reflexión sobre la sociedad venezolana frente a la catástrofe que hoy atraviesa. Con dolor, habló del desamparo en el que quedó la población ante un evento de esta magnitud, donde las respuestas de quienes deben proteger a los ciudadanos resultaron, en muchos casos, inexistentes.

En ese contexto, puso énfasis en el papel de los médicos: profesionales formados tras años de sacrificio y que hoy enfrentan la emergencia sin condiciones adecuadas para asistir a las víctimas de los dos terremotos que estremecieron al país el miércoles pasado. Y dijo que es en esa “desnudez” de la nación donde emerge la labor de los médicos venezolanos, sosteniendo con voluntad una de las primeras líneas de respuesta.

Un primer testimonio, el de un joven médico residente en Caracas, describe cómo tras el caos inicial y la incomunicación surgió una movilización masiva de la ciudadanía. “Fue una respuesta abrumadora”, afirma a LA NACION, al relatar la llegada constante de medicamentos, alimentos, ropa, agua y todo tipo de insumos. La solidaridad se expresó de formas espontáneas: personas que, de manera individual, compraban lo que podían y lo llevaban directamente a las zonas afectadas. Sin embargo, advierte que esa misma fuerza ha carecido de organización. En muchos centros de acopio ya no se necesitan más donaciones: “No sabemos dónde colocarlas”. Mientras algunos espacios están saturados, otros continúan desprovistos. “El problema no es la falta de ayuda, sino la falta de coordinación”, insiste.

Para este médico, una de las fallas más graves ha sido la lentitud en la respuesta. “Está llegando muy poca cantidad de sobrevivientes”, señala. Durante una guardia de 24 horas, apenas ingresó un paciente herido; el resto eran víctimas mortales. En los hospitales se repite el mismo patrón: pocos sobrevivientes y, quienes llegan, lo hacen en condiciones críticas, con traumatismos severos.

Su paso por La Guaira fue aún más revelador. En el principal centro de atención, observó la presencia activa de brigadas internacionales, principalmente de México, Honduras y El Salvador, que participaban directamente en las labores de rescate. Sin embargo, lo más impactante fue la ausencia casi total de sobrevivientes para la magnitud de la tragedia. “No me tocó ver heridos con vida”, afirma. En cambio, atendieron a familiares en condiciones extremas, muchos con varios días sin comer ni hidratarse, esperando noticias o intentando recuperar a sus seres queridos. “Los testimonios eran devastadores”, recuerda: personas que permanecían junto a los cuerpos de sus familiares sin poder sacarlos ni darles sepultura.

Al evaluar la respuesta institucional, su conclusión es tajante: “Hubo un desamparo total”. Denuncia obstáculos incluso para acceder a la zona con permisos en regla. “Había ambulancias, bomberos y personal médico que no podía pasar”, relata. A su juicio, la ayuda no ha sido canalizada por estructuras oficiales, sino por la propia ciudadanía, a través de redes informales y esfuerzos individuales.

Desde otra perspectiva, un segundo testimonio —el de otro médico residente— reconstruye la evolución de la emergencia desde el hospital. Aunque su especialidad no es de primera línea en trauma, acudió desde el inicio al Hospital Periférico de Catia, donde vivió el colapso del sistema en las primeras horas.

En esa primera etapa, los pacientes eran casos relativamente estables: lesiones por escombros, traumatismos moderados. Pero hacia la noche, la situación cambió. “Comenzaron a llegar los casos graves, muchos desde La Guaira: amputaciones traumáticas y lesiones por aplastamiento”, señala a LA NACION. Con el paso de los días, las complicaciones aumentaron: fallas renales, shock y deterioro clínico en pacientes con enfermedades preexistentes. “Ya no era solo el trauma, sino las consecuencias que se desarrollaban después”, explica.

Describe jornadas extenuantes, con horas continuas de atención sin descanso. Al pasar a un centro privado, observó una dinámica distinta: menor afluencia, pero esfuerzos de apoyo mediante la evaluación inicial del paciente de forma gratuita y coordinación con hospitales públicos para derivar casos, especialmente pacientes pediátricos. Pero al llegar a La Guaira confirma el mismo patrón: desorden en la distribución de la ayuda frente a una solidaridad desbordada. “La gente quiere ayudar, y lo hace con todo lo que tiene, pero sin dirección”, afirma.

Ambos coinciden en que es fundamental que se implemente la organización que falló desde el primer momento. Clasificar recursos, orientar donaciones y distribuir con criterio será clave para evitar el agotamiento prematuro de insumos. También hacen un llamado a la población a colaborar de forma responsable, sin interferir con las labores de rescate ni obstaculizar las vías de acceso. En medio del desastre, estos médicos encontraron una frase escrita que se repite entre los escombros y que sintetiza lo vivido: “Cuando hay falta de gobierno, sobra pueblo”.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-crudo-relato-de-los-medicos-venezolanos-en-la-primera-linea-de-rescate-nid28062026/

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