Hace pocos días, un descubrimiento en la localidad patagónica de Pilcaniyeu, Río Negro, generó sorpresa entre los argentinos después de que especialistas confirmaran el hallazgo de un bosque petrificado, integrado por 13 troncos fósiles de unos 50 millones de años de antigüedad.
El hallazgo surgió, en realidad, de una denuncia a la Secretaría de Cultura de Río Negro sobre la presencia de posibles restos fósiles. Se encontraban en un establecimiento rural situado a unos 80 kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche, en una zona donde confluyen las sierras y las mesetas basálticas. La pregunta que comenzó a reproducirse entre los expertos es cómo era aquella zona, hoy desértica, hace millones de años y cómo fue que un bosque entero pudo quedar conservado durante tanto tiempo.
A partir del aviso, integrantes de la Asociación Paleontológica de Bariloche se trasladaron hasta el lugar junto a una patrulla ambiental del Escuadrón 34 de la Gendarmería Nacional, que brindó asistencia durante las tareas de relevamiento y preservación. Una vez en el predio, y con la autorización de su propietario, los investigadores pudieron corroborar la existencia de un conjunto de troncos fosilizados pertenecientes a distintas especies de coníferas y angiospermas. Este último grupo vegetal es el que incluye a las plantas con flores.
“Cuando me dijeron, sabía que había algunos troncos. Pero al llegar al lugar, te impacta. Se ve el diámetro, que es gigante. Había algunos de más de un metro, que significan árboles de más de 30 metros de altura”, describió Ari Iglesias, paleontólogo del Conicet, presidente de la Asociación Paleontológica de Bariloche y uno de los peritos que identificaron los árboles.
Él aclaró que estos árboles, en realidad, no están petrificados, sino que pasaron por un proceso de permineralización. Esto significa que se pueden identificar especies, diámetros y realizar análisis celulares de las plantas.
Un clima totalmente distintoLos estudios preliminares permitieron establecer que los ejemplares corresponden al Eoceno, un período geológico comprendido entre hace aproximadamente 34 y 56 millones de años. Aquella época remota era más cálida, no había hielo en ninguno de los polos y, aunque la ubicación de los continentes era muy similar a la actual, el paisaje del sur de la Patagonia se parecía más al de los trópicos que al típico paisaje agreste contemporáneo. “Sabemos que eran bosques tropicales. La Patagonia y la Antártida no estaban separadas porque no existía el estrecho de Drake. Tampoco había hielo en ninguna parte del mundo”, señaló Iglesias y agregó que tampoco existía la cordillera de los Andes.
En los ecosistemas de antaño abundaban grupos ya extintos como los fororracos ‒grandes aves prehistóricas‒, los notoungulados ‒mamíferos con pezuñas endémicos de Sudamérica‒, los litopternos ‒similares a caballos‒ y los astrapotéridos ‒similares a los jabalíes‒. Damián Fernández, becario posdoctoral del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones (CADIC-Conicet), lo definió como un pico de diversidad de mamíferos en una publicación oficial.
Un estudio realizado por Fernández en 2021 a partir del análisis de más de 11.500 granos de polen y esporas y 9.000 quistes de algas de la Patagonia austral mostró que la región era un 40% más diversa.
“Había muchas plantas similares a las que crecen en el sur de la Patagonia, como familiares de la lenga, el guindo o el ñire; de los arrayanes o del mañiú macho. Lo sorprendente es que, junto a ellas, encontramos plantas típicas de zonas actualmente más cálidas, como palmeras, familiares del palo borracho y de la yerba mate, entre muchas otras. Además, estudios combinados con hojas y troncos fósiles sugieren que este bioma se podría haber extendido hasta el noroeste argentino”, describió Fernández, quien también fue autor del trabajo.
La llamativa preservación de los troncosLa preservación de los troncos durante millones de años fue posible gracias a una serie de procesos geológicos. Para que un árbol llegue a convertirse en fósil, debe quedar rápidamente cubierto por sedimentos que impidan su descomposición. Con el tiempo, el agua rica en minerales atraviesa los tejidos vegetales y reemplaza gradualmente la materia orgánica original.
Iglesias aclaró que los troncos permineralizados que hallaron hace unos días estaban en la superficie, a la vista de todos, pero hace miles de años estaban enterrados varios metros bajo tierra. “Lo que pensamos es que, con la elevación del territorio que provocó la aparición de los Andes y la erosión de millones de años, los troncos quedaron expuestos y hoy se encuentran a simple vista”, añadió.
Tras confirmar la relevancia del hallazgo, los investigadores avanzaron con una serie de procedimientos destinados a documentar y proteger el lugar. Las tareas incluyeron la identificación de los ejemplares, el registro fotográfico del área, la geolocalización precisa de los restos y la extracción de muestras destinadas a futuras investigaciones.
Por disposición de las autoridades, los restos y las muestras obtenidas quedaron bajo resguardo en el Museo Paleontológico de Bariloche. Allí permanecerán mientras avanzan los análisis científicos que permitirán conocer con mayor precisión las características de las especies identificadas y el contexto ambiental en el que vivieron.
La intervención se desarrolló en el marco de la Ley Provincial Nº 3656 de Protección y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Río Negro. La normativa establece mecanismos destinados a preservar bienes de valor histórico, científico y natural, e incluye expresamente a los sitios paleontológicos entre los elementos que forman parte del patrimonio provincial.
Iglesias explicó que hasta ahora no habían sido descubiertos bosques petrificados de esta edad. “Esto no solo le da un valor científico tremendo por todo lo que podemos entender del pasado. También le da un valor patrimonial a toda esa zona”, comentó el experto.
