La primera vez que Pilar Urbina habló frente a un público le tembló hasta la voz, le sudaban las manos, y apenas pronunció su primera palabra se dio cuenta de que ya estaba colorada, lo que provocó en ella más vergüenza aún: solo quería que ese momento terminara. Aquel día tenía 17 años, y atravesada por el temor, lejos estaba de imaginar que apenas cinco años después sería galardonada con el título de Campeona Nacional de Oratoria.
“Las mejores cosas están del otro lado del miedo”, asegura hoy la joven de 22 años al recordar sus primeros pasos dentro de un universo donde la palabra cobra dimensiones poderosas.
Un pueblito sin mucho para hacer y el descubrimiento de una llave mágica: “Comencé a decir lo que pensaba”Pilar creció cerca de las sierras, en Saavedra, un pueblito al sur de la provincia de Buenos Aires. Su infancia fue linda, en el marco de un rincón de Argentina seguro y tranquilo. Se sentía libre y pasaba mucho tiempo con sus abuelos maternos y sus abuelos del corazón, que la querían como a una nieta.
Cuando la primera infancia quedó atrás, en ella emergió una etapa de exploración de identidad a través de un sinfín de actividades: comenzó clases de piano y guitarra, a bailar tango, iba a clases de pintura, a hockey y a los 10 años empezó con sus clases de inglés: “No había mucho para hacer pero lo que había lo hacía, siempre fui de hacer muchas cosas a la vez”, cuenta.
A los 11 se presentó ante ella un mundo mágico, la lectura, que trajo consigo una llave que le abriría poco a poco varios portales hacia ese `algo´ diferencial que estaba buscando. Se transformó en una lectora voraz, un pasatiempo que congeniaba muy bien con su personalidad más bien hacia adentro y que duró hasta los 16, una edad en la que vivió un punto de inflexión que transformó todo.
“Sucedió que me uní a el centro de estudiantes y comencé a involucrarme en toma de decisiones e iniciativas”, revela Pilar. “Comencé a decir lo que pensaba y discutir con el director si era necesario, siempre desde el respeto pero con una posición tomada”.
Destapar las pasiones y ayudar en ese camino a los demás: “Descubrí que mi voz tiene valor”Fue a los 17 años, que Pilar atravesó otro punto de inflexión cuando conoció a la Cámara Internacional Junior (JCI), una organización que busca desarrollar y formar líderes para un mundo cambiante, que actualmente tiene presencia en más de 110 países y funciona como la red principal de jóvenes líderes.
Con convicción pero algunos miedos, decidió ingresar en una capacitación para participar de forma virtual en una competencia de debate. Este suceso trajo una revelación: ese era su lugar para crecer, y cuando al año siguiente se mudó a Bahía Blanca, no dudó en sumarse a la organización. En paralelo, aquel mismo año, Pilar ganó un concurso de literatura y comenzó a escribir sin parar: “Conocí un mundo que me empezaba a gustar y conectar conmigo misma, fue así que me eligieron para dar el discurso de fin de año. Esa fue la primera vez que me paraba frente a muchas personas, con un papel, muchos nervios y abriendo mi corazón”.
Tras superar su primer discurso con ese miedo que parecía abarcarlo todo, surgió un interrogante lógico, inevitable: ¿para qué exponerse a semejante situación, donde las manos sudan y la cara se enrojece de vergüenza?
“Tras ese discurso llegaron más oportunidades de pararme frente al público y descubrí que aquello que me daba temor me encantaba. Fue así que comencé a dar formación en oratoria y debate, y con la práctica el miedo desapareció, se transformó en pasión por enseñar, por transmitir, por ver a otros romper esa zona de confort, romper ese miedo a expresarse”, afirma Pilar.
