San Telmo y La Boca comparten algo que pocos barrios conservan: la sensación de que el tiempo corre a otra velocidad. Entre adoquines gastados, conventillos de colores y una vida de barrio que resiste con naturalidad los vaivenes de la ciudad, estos dos rincones del sur porteño invitan a recorrerse sin apuro. Quien los conoce de toda la vida los transita con esa familiaridad cómoda de lo propio; quien los descubre por primera vez suele quedarse más de lo planeado. A continuación, un recorrido pensado para comer rico, equiparse con buenos libros, investigar el buen diseño de moda y terminar el día donde el fútbol se vuelve patrimonio. Todo, de la mano de los beneficios de Club LA NACION.
La mañana puede comenzar en Genovés, el restaurante que ocupa la planta baja del hotel Undici. El lugar es un buen homenaje al barrio: como La Boca misma, su propuesta nació de la inmigración y de esa mezcla de mundos que el puerto fue acumulando con los años. Acá es posible disfrutar de un café y una tentación dulce o salada. Un buen lugar para empezar el día sin apuro, con la ventaja de que tiene estacionamiento propio por si el recorrido sigue en auto.
La mañana puede continuar en Galerna y su sede de San Telmo, en una de las 16 sucursales de esta cadena que nació como editorial en 1967 y se convirtió en referencia ineludible del libro argentino. En este barrio de escritores, docentes y lectores de toda la vida, la librería encontró su lugar natural: un espacio donde conviven novedades editoriales, ensayo, narrativa local y esos títulos que en otro lado ya no se consiguen.
La próxima parada es Indochina, cuya propuesta de diseño tiene algo de manifiesto porteño disfrazado de ropa. En su local de San Telmo esta marca combina indumentaria y accesorios con diseños que hablan de mapas, banderas y paisajes argentinos. Hay remeras, buzos, gorras y totebags, pero también una colección dedicada específicamente al barrio.
La hora del almuerzo tiene dirección fija: Il Matterello, en La Boca. La historia del lugar es la de una familia. Carmela, nacida en Módena, en el corazón de la Emilia Romaña, y Juan Bautista, que a los 60 años dejó su oficio de mecánico naval, compró un viejo conventillo y lo convirtió en restaurante para que el mundo conociera la cocina de su esposa. Hoy sus hijos continúan al frente, con la misma pasta fresca amasada a mano y los mismos platos de siempre: ravioles con tuco, tortelli de espinaca con manteca quemada al ajo, aceitunas fritas a la ascolana. Un clásico porteño de corazón italiano, a metros de La Bombonera.
Y ya que estamos en zona, el anteúltimo destino de este recorrido nos lleva directo al Museo de la Pasión Boquense, pegado a La Bombonera. Inaugurado en 2001 como el primer museo deportivo de Argentina y el primer museo temático de fútbol de América, hoy recibe alrededor de 500.000 visitantes por año, con 6 de cada 10 llegados desde el exterior. El recorrido es autoguiado y está organizado por áreas: camisetas de todas las épocas, trofeos, documentos históricos, un homenaje a Maradona y un espectáculo en 360° que pone al visitante en el lugar del jugador al salir a la cancha.
Para cerrar el día, nada más simple y más rico que un helado en Iceland. La cadena, con su combinación de heladería y cafetería, funciona como remate perfecto para cualquier recorrido. La textura cremosa y los sabores intensos (tanto los clásicos como las combinaciones más jugadas, como ananá, limón y jengibre o mousse de arándanos y grosellas) son el punto final ideal para una jornada en la que se vivió Buenos Aires con ojos de turista.
Recorrido completo
Genovés25% para socios BLACK y 20% para Premium todos los días
Galerna15% todos los días hasta el 31.5
Indochina20% para socios BLACK y 15% para Premium todos los días
Il MatterelloMuseo de la Pasión Boquense2x1 en compra de entradas todos los días
Iceland