La electrificación dejó de ser una promesa lejana para empezar a meterse de lleno en las decisiones de compra en la Argentina. En ese proceso, los SUV híbridos aparecen como una alternativa cada vez más considerada frente a las versiones nafteras tradicionales, no solo por una cuestión ambiental, sino también por el impacto que pueden tener en el uso diario.
La duda, entonces, empieza a correrse del terreno tecnológico al económico. Más allá del mayor precio inicial que suelen tener, a los consumidores les interesa cuánto se ahorra realmente en combustible al elegir un híbrido.
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Para responder esa pregunta, se puede tomar como referencia un caso concreto dentro de un mismo modelo —con motorizaciones híbrida y naftera— y trasladar esos valores a un escenario de uso típico en la Argentina. En este caso, el análisis se basa en el nuevo Toyota Yaris Cross, que ofrece ambas alternativas y cuenta con cifras de consumo oficiales informadas por la marca.
Según los datos declarados por la compañía, la versión naftera registra un consumo mixto de 6 litros cada 100 kilómetros, mientras que la variante híbrida baja a 3,9 litros cada 100 kilómetros. Con una nafta súper tomada como referencia a $2000 por litro y un uso anual de 15.000 kilómetros, la diferencia es concreta.
En ese escenario, el SUV naftero consumiría 900 litros al año, lo que equivale a $1.800.000. El híbrido, en cambio, demandaría 585 litros, con un gasto anual de $1.170.000. La brecha es de 315 litros menos, es decir, un ahorro del 35% o $630.000 por año.
Hay que tener en cuneta que el beneficio no es uniforme en todos los usos. En ciudad —donde los sistemas híbridos aprovechan mejor la regeneración de energía y el uso del motor eléctrico— la diferencia es más marcada.
Ahí el naftero declara 7,1 L/100 km, mientras que el híbrido baja a 3,3 L/100 km. Con el mismo kilometraje anual, el gasto pasaría de $2.130.000 a $990.000, lo que implica un ahorro de $1.140.000 al año.
En ruta, en cambio, la ventaja se reduce. Con consumos de 5,3 L/100 km para el naftero y 4,3 L/100 km para el híbrido, el gasto anual sería de $1.590.000 contra $1.290.000, respectivamente. En ese caso, la diferencia es de $300.000 al año.
Más allá del costo, también hay diferencias en autonomía y emisiones. Aunque el híbrido tiene un tanque más chico (36 litros frente a 42 litros del naftero), su menor consumo le permite recorrer más kilómetros por carga en uso mixto.
En términos ambientales, la versión híbrida también muestra una mejora, ya que declara 90 g/km de CO₂ frente a 137 g/km del naftero. En un uso anual de 15.000 kilómetros, eso implica una reducción de más de 700 kilos de CO₂ emitidos.
El factor de la patenteAl ahorro en combustible se le puede sumar, en algunos casos, un beneficio impositivo. En la Ciudad de Buenos Aires, los autos eléctricos están exentos del pago de patente, mientras que los híbridos cuentan con un esquema de bonificación parcial y decreciente en el tiempo, que depende además de la valuación fiscal del vehículo.
Otras jurisdicciones también aplican incentivos. En la provincia de Mendoza, por ejemplo, los vehículos híbridos y eléctricos pagan el 50% del impuesto automotor, mientras que en la provincia de Santa Fe rige una exención total por un período determinado para este tipo de tecnologías.
