Las largas jornadas laborales, que el celular suene incluso durante la noche y no tener ni un día de descanso son parte de la rutina de muchos emprendedores. Sin embargo, aunque liderar un negocio suele ser agotador y demanda mucha dedicación y energía para que el proyecto prospere, esta dinámica puede terminar por gatillar el síndrome del burnout y afectar a la salud del emprendedor.
A nivel regional, seis de cada diez emprendedores presentan síntomas moderados de burnout y tres de cada diez muestran una angustia patológica severa, de acuerdo con un relevamiento de Endeavor. Entre las principales causas, se encuentran la presión financiera (afecta al 60,2% de los casos) y la búsqueda de financiamiento (35,6%), además del miedo al fracaso (29,7%) o el contexto económico (20,3%).
“Es importante poder comprobar cómo está el estado psicofísico y emocional de manera diaria, para detectar dónde me estoy pasando antes de llegar a esta patología. Porque los emprendedores tenemos que cuidar lo más importante, que somos nosotros, no solo el negocio. Porque uno se despersonaliza, sobre todo en las etapas iniciales, se funde con el proyecto y la identidad queda muy ligada a eso. Eso lo complejiza y puede llevar al burnout”, dijo Analía Tarasiewicz, psicóloga, autora de “Cuando el trabajo duele” y emprendedora, durante el último capítulo de la segunda temporada del ciclo audiovisual “Manual de Emprendedores”, elaborado junto a Andreani y Personal.
También conocido como el síndrome del quemado, se trata de un estado de agotamiento extremo que va mucho más allá de estar estresado después de una semana laboral intensa. Es más bien un agotamiento físico, emocional y mental que se acumula con el tiempo y, si no se atiende, puede traer consecuencias serias para la salud. El insomnio, la ansiedad, la depresión, los ataques de pánico, o los problemas cardiovasculares son algunas de ellas.
La Organización Mundial de la Salud lo reconoce formalmente como un “fenómeno ocupacional”. Entre sus principales síntomas, se encuentran el agotamiento energético, el distanciamiento mental del trabajo y la caída de la productividad. Paradójicamente: cuanto más se trabaja para salir adelante, uno resulta menos eficiente.
“Creo que tenemos un serio problema a quienes nos apasiona lo que hacemos, porque marcar el límite es complicadísimo. Trabajas, trabajas y trabajas y no lo ves como un trabajo, pero el cuerpo te lo cobra cuando la mente y el corazón van para adelante y para adelante. En un momento, el cuerpo te dice ‘Basta’ y hay que estar atento a ese momento. Se ve que yo no estaba tan atento a lo que me pasaba y eso se mezcló con que ya no me apasionaba lo que estaba haciendo”, contó Javier López, fundador de Goût.
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En su caso, era contador público y trabajó en el mundo corporativo hasta los 42 años, lo que lo llevó a tener el puesto de director financiero de distintas compañías. Sin embargo, durante un fuerte episodio de estrés también le detectaron que tenía celiaquía. Frenó, se dio cuenta de que estaba trabajando “sin corazón” y empezó a surgir la idea de hacer algo con su diagnóstico. Ahí fue cuando decidió renunciar a todo y crear Goût, una pastelería gluten free que hoy cuenta con 17 sucursales.
“Casi que no he vivido sin estrés, es al revés, el estrés se mantiene pero no tuve picos. Ahora sé cuándo son los picos de alerta donde hay que parar, que es lo que no me pasó en la primera etapa, cuando dejé el mundo corporativo. Cuando es así, me retiro y me preservo; trato de viajar, lejos o cerquita. Creo que a los emprendedores en general no les es fácil, porque son apasionados de lo que hacen. Ni hablar en este país que todo es un poquito más complicado que en el mundo y donde no podés saber lo que va a pasar mañana, todo el tiempo tenés que estar híper presente en la compañía, en la gente”, reflexionó.
Aunque se habla mucho del burnout en contextos de oficinal, para el emprendedor el riesgo es doble. Hay que pagar salario, cumplir con proveedores, resolver deudas y tratar de que el estrés no afecte al equipo de trabajo. Y a esto se suma que no hay un jefe más arriba que invite al emprendedor a tomarse un día libre, o un convenio colectivo que le garantice el descanso. La única manera de frenar es ponerse los límites a uno mismo.
Hay algunas señales de alerta a las que hay que estar atentos. Hay síntomas que van desde lo emocional, como estar sensible todo el tiempo, sentirse agobiado o perder la emoción que antes se sentía por el proyecto. Y otros que pasan factura en el cuerpo, como el insomnio por la noche, los dolores de cabeza o los malestares estomacales.
A sus 78 años, Marta Harff mira hacia atrás y se define como una “emprendedora de toda la vida”, incluso cuando la palabra emprendedora no existía. A sus 56 años vendió la empresa que llevaba su nombre y un fondo de inversión la quebró, pero en 2007 tuvo su revancha y volvió al mercado con PerfumumBue, marca que hoy tiene 14 sucursales y está presente en Brasil, Chile y España. Aunque no cree que haya atravesado nunca un episodio de burnout, sí admite que fue “una adicta al trabajo”, ya que trabajaba de 7 a 21, sin sábados ni domingos. No fue sin consecuencias. A los 37 años le diagnosticaron cáncer de mama y fue un momento para reordenar sus prioridades. Casi diez años después fue mamá primeriza y se permitió estar presente en cada etapa de su vida.
“El cáncer fue un shock y empecé a hacer terapia, a querer cambiar. Cuando dije que era una adicta al trabajo, es así, y como todas las adicciones son difíciles de desactivar. Hay que proponérselo, hay que reconocerlo, hay que querer hacerlo y ponerlo en práctica. Tengo una inclinación hacia el trabajo, me entusiasmo y quiero hacer cosas, pero también he aprendido a decir que no y a limitarme y a tener objetivos más moderados. Cuando las cosas te salen bien, es lógico querer abarcar más y entusiasmarse, pero hay que armar equipos, delegar, aceptar que hay errores que se van a cometer y pueden corregirse. Es un aprendizaje de todos los días, y te puedo asegurar que a mis 78 años sigo aprendiendo, te diría que eso es lo lindo de esto", consideró.
Para Tarasiewicz, el emprendedor es “muy constante en su emprendimiento, pero muy poco constante consigo mismo”. Por esa razón, para salir del estado del síndrome del quemado se tiene que aprender a tomar conciencia del cuerpo y de las emociones, apoyarse en el círculo de seres queridos y encontrar actividades que lo ayuden a calmar la mente. “¿Cómo percibís el mundo del trabajo y cómo afrontás una situación difícil? ¿Qué disfraz te ponés? Yo me quebré la pierna en tres por tener el disfraz de ‘todo lo puede’ y ahí aprendí que no podía con todo, pero en ese entonces era joven y emprendedora", contó.
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Según la psicóloga, aquellas personas que tienen tendencia a trabajar mucho tienen que cuidar sus “rituales” porque esa pulsión por el trabajo reaparece. En estos casos, es importante ser consciente de esto y organizar cómo será el día desde la noche anterior: una rutina por la mañana para respirar, no ponerse reuniones apenas se levanta de la cama, tomarse un momento para comer, otro para respirar, no acostarse viendo cosas complejas ni con mucha información.
“El emprendedor tiene que saber que va a tener que resistir todas las contingencias y que tiene que tener resto. Resto no es solamente económico, también es preservarse para poder aguantar lo que venga y estar entero para la próxima batalla. Eso también es una estrategia, por eso no hay que llegar al burnout", cerró Harff.
