La rajadura en el baúl de la Renault Duster dejaba ver los paquetes amarillos que una banda narco había ocultado en el hueco donde se guarda la rueda de auxilio. Entre las astillas del vidrio de la luneta y la chapa levantada tras haber sido forzada con una barreta asomaban 64 bultos con la marca de un cocodrilo.
Cuando los efectivos de la Policía de Salta revisaron el contenido de los ladrillos encontraron una sustancia blanca que sería compatible con cocaína. Al pesarla se determinó que habría 66 kilos de droga.
A raíz del hallazgo del estupefaciente quedaron detenidas la conductora y la acompañante que viajaban en la camioneta.
Los policías salteños habían llegado a la vivienda situada en la localidad de El Potrero, en el kilómetro 930 de la ruta 34, por el llamado de la dueña de una vivienda; había pedido auxilio porque dos mujeres llegaron a su casa y le pidieron refugio diciendo que les habían disparado durante un intento de robo.
En principio, la investigación comenzó como una tentativa de homicidio y abuso de armas que habría tenido como víctimas a las dos ocupantes de la Renault Duster que, además de la luneta explotada, presentaba varios impactos de bala.
Sin embargo, cuando los policías revisaron el baúl, hallaron la rajadura en la chapa y los paquetes amarillos. Ante esta circunstancia, ambas mujeres pasaron de ser víctimas a ser sospechosas.
Pero había algo de verdad en lo que decían. Efectivamente habían sufrido un intento de robo. Lo que no dijeron fue que quienes les dispararon desde una camioneta blanca cuando circulaban cerca de la ciudad de Rosario de la Frontera eran integrantes de una banda de narcotraficantes y que el móvil del ataque habría sido el robo de la droga que transportaban.
Mientras los policías de Salta les tomaban declaración a las mujeres, una de ellas reconoció al conductor de la camioneta blanca que merodeaba la casa en la que se había refugiado. Exclamó: “Ese fue el que me disparó”.
Entonces, otro grupo de policías salteños comenzó a perseguir al conductor de la camioneta blanca y a la mujer que lo acompañaba. La descontrolada persecución terminó en la ciudad de El Tala, donde fue apresada la pareja de agresores.
El violento episodio que aparecía como una pelea entre bandas narco en la que una organización intentó robarle un cargamento de cocaína al grupo rival se transformó en un escándalo que involucró a integrantes de una fuerza federal y de la policía tucumana.
Al confirmar que los paquetes hallados en la camioneta Renault Duster baleada tenían cocaína, la propietaria del vehículo y su acompañante fueron detenidas, acusadas de transportar estupefacientes. En el caso de la dueña de la camioneta, la acusación se agravó porque es integrante de la Gendarmería, donde se desempeña como médica en el escuadrón de Tartagal; su esposo es sargento de dicha dependencia y chofer del jefe de esa unidad.
La médica acusada fue identificada por fuentes de la investigación como Ivana Georgina Portal y, además de trabajar en el escuadrón de Gendarmería se desempeñaba en el hospital de Tartagal.
Si bien su esposo no fue acusado, por su función tendría acceso a información sensible sobre la distribución de los puestos de control en las rutas de la frontera caliente de la cocaína con Bolivia.
En las últimas horas, los investigadores judiciales allanaron la casa de la médica y de su esposo, pero no encontraron ningún elemento que vincule al sargento con la causa. Por el momento, el sargento, que cuando le preguntaron por su esposa respondió que no tenía noticias de ella.
Durante la audiencia de imputación y control de detención, la fiscalía federal de Salta formalizó la acusación contra la médica Portal y la cosmetóloga que la acompañaba, identificada como Delia Tame.
Además, el representante del Ministerio Público Fiscal federal imputó por intento de homicidio al supuesto autor de los disparos que conducía la camioneta blanca. El sospechoso, detenido luego de una persecución en El Tala, fue señalado por la médica acusada; fuentes policiales lo identificaron como José Troichuque.
Hubo otro detalle más escandaloso que puso al descubierto la supuesta connivencia entre narcos y efectivos de las fuerzas de seguridad. Según los testigos, en la casa de la localidad de El Potrero donde la médica de Gendarmería y su acompañante se refugiaron de los narcos que las balearon se presentaron dos efectivos de la Policía de Tucumán.
El hecho no pasó inadvertido para los investigadores judiciales debido a que El Potrero no es jurisdicción de la policía tucumana: está en territorio salteño, a treinta kilómetros del límite interprovincial.
Por este motivo, los funcionarios judiciales allanaron el destacamento de la policía tucumana en el paraje 7 de Abril y secuestraron las armas de los efectivos de la fuerza de seguridad de Tucumán para realizar peritajes con el objetivo de determinar si se usaron en el ataque contra la camioneta Renault Duster de la médica de Gendarmería.
La sospecha apuntaría a que esos policías que se presentaron en El Potrero, treinta kilómetros fuera de su jurisdicción, habrían actuado como escolta o apoyo del conductor de la camioneta blanca que disparó contra las mujeres que llevaban la droga.
Los testigos indicaron que cuando los policías salteños encontraron la cocaína en la camioneta de la médica, los efectivos tucumanos desaparecieron, ya que no podían justificar su presencia en el lugar donde quisieron matar a dos mujeres para robarles un cargamento de droga.
