Ama el rock, es fanática de River y ahora cocinará en TV: quién es la Hermana Verónica, la nueva figura de elGourmet

La cocina, la fe y las historias de vida serán los ingredientes de esta nueva apuesta de elGourmet. A partir de hoy, a las 18, la pantalla del canal recibirá a la Hermana Verónica, una religiosa tan auténtica como inesperada que abrirá las puertas de su convento para compartir recetas sencillas, anécdotas entrañables y reflexiones espirituales.

A lo largo de 20 episodios, cada plato promete ser mucho más que una preparación culinaria. “En cada programa habrá un paso a paso de tres recetas diferentes. Mientras las hago, cuento quién me la enseñó, cómo la aprendí y un poquito de esa persona. También habrá una historia sobre Dios o una cita bíblica, algún valor, algún chiste. Para mí lo más importante es que el público cuando está cocinando recuerde que Dios está presente, que los ama y los cuida”, adelanta quien llega a la TV para tomar la posta de la recordada Hermana Bernarda.

Lejos de cualquier solemnidad, esta anfitriona rompe todos los estereotipos a través de un estilo propio, fresco y descontracturado. A ella le encanta viajar, ama el reggae y el rock, es fanática de River y habla cuatro idiomas. Además de enseñar geografía, es la encargada de cocinar para su comunidad y la costurera oficial. También, la “arregla-todo” de su monasterio, ya que se cansó de esperar a los electricistas.

Nacida en el barrio porteño de Belgrano, Verónica Evangelina Prieto descubrió su vocación religiosa a los 21 años, mientras estudiaba geografía. Desde entonces, encontró en la enseñanza, la misión y el vínculo humano una manera de construir comunidad. Aunque nunca estudió gastronomía de forma profesional, convirtió la cocina en uno de sus lenguajes más personales y afectivos. Es que para ella la comida es un gesto de amor, fraternidad y dedicación hacia los demás. “Todas las recetas que están en el programa son mis favoritas. No hay nada que yo no coma o no me guste. Les ofrecí mis recetas más amadas”, confiesa.

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—¿Cómo fue abrir las puertas del convento para la TV?

—Insólito . Debo confesar que al principio había un poco de recelo. No por mi parte, porque yo soy una persona aventurera, me lanzo. Sé que a veces hay que correr riesgos porque el que no arriesga no gana, pero las hermanas tenían un poco de recelo porque no sabían cómo iba a ser. Nuestra casa es un convento, entonces por cuestiones de seguridad no sabíamos si lo íbamos a poder manejar. Pero gracias a Dios tuvieron la confianza y la valentía de ir para adelante y me dieron el ok para poder hacerlo porque obviamente acá todo es consensuado. Yo no decido nada sola. Así que dijimos: “Probemos a ver qué pasa”. Y la verdad que fue buenísimo porque ellas no solamente cedieron el espacio físico sino que también el corazón y el tiempo porque me liberaron de las tareas durante dos semanas que no estuve presente en la comunidad.

—¿Cuáles son esas tareas diarias que hacés?

—Yo doy clases de geografía tres veces por semana. En el monasterio, soy la hospedera; es decir, la que se encarga de recibir a los huéspedes y se ocupa de limpiar la hospedería y dejarla en orden para quien llega. Además, me encargo de la cocina y de las compras porque quien cocina sabe lo que es necesario. También limpio la parte de clausura que es donde nosotras vivimos. Yo soy la más joven, la que más puede poner el cuerpo en las actividades físicas. Ah, y me ocupo de la electricidad y soy la costurera de la comunidad. Es un montón .

—¿Cómo te llegó la propuesta para cocinar en la tele?

—Una amiga de una amiga que trabaja en elGourmet le preguntó: “Vos que conocés muchas monjas y vas a la iglesia, ¿no conocés una hermana que sepa cocinar?”. Y ella se acordó de mí. Le pasó mi contacto y ahí tuve muchas entrevistas hasta que llegó el casting, que fue una prueba para ver cómo me manejaba en cámara y si sabía cocinar.

—¿Qué recordás de ese día?

—Fue en la cocina del convento con nuestras cosas y nuestros utensilios, que no son para nada sofisticados. Yo propuse varias recetas y el productor eligió una: la sopa paraguaya. Por eso es una receta que quiero tanto porque es la que me abrió las puertas de la TV. Para mí fue una re sorpresa porque no me esperaba que me fueran a elegir. Dios obra de esa forma en todo. Tenemos una expectativa y él la supera ampliamente, hace que todo sea mucho mejor de lo que uno esperaba.

¡Luz, cámara, acción!

—¿Cómo fueron esas dos semanas de grabaciones?

—Fueron jornadas largas, de 8 de la mañana a 19. Nuestro día es largo porque empieza a las 5.30, pero estar con una cámara todo el día fue distinto. Hacíamos seis recetas por día y hay veces que probaba un plato y decía: “¡Qué rico!”, “¡Qué delicioso!”, pero los últimos días ya no tenía más vocabulario . Por momentos me costaba transmitir a la cámara lo bueno que estaba ese plato con una palabra distinta, así que en ese sentido fue un poco demandante, pero después fue muy divertido. Los camarógrafos y la producción estaban todo el tiempo haciendo bromas. Yo por ahí tenía que batir algo y me reía. Y ellos me decían: “Pero no te rías porque nadie sabe de qué te estás riendo”.

—¿Te dejaron elegir las recetas que cocinaste?

—Sí, tuve total libertad. La verdad es que estoy re agradecida con eso porque hice las recetas que a mí me gustan. Me podrían haber sacado algunas o decirme: “Buscate algo más gourmet” y no, ninguna receta fue modificada. Tampoco mi discurso, yo tuve la libertad de decir lo que yo quería y transmitir mi parte espiritual.

—¿Cómo definirías tu cocina?

—Sencilla, con cosas que hay en casa. Nada de esos ingredientes que tenés que ir a buscar a China. Son platos sencillos, sin complicaciones. No tengo muchos secretos.

—¿Cuál es tu sello? ¿Qué no puede faltar en un plato tuyo?

—Los condimentos. Mi comida tiene que estar muy condimentada. En mi casa mi papá tenía una estantería con todos los condimentos rotulados. Cuando yo llegué al convento, estaban los sobrecitos. Ahí mismo dije: “No, no, no. Todo en frasquitos con nombre y escrito a mano”. Algunas recetas por ahí tienen algún secretito, pero porque esa persona de la que la aprendí le ponía algo especial. La sopa paraguaya y la lasaña de berenjenas son mis fuertes. ¡Ah! y los platos internacionales también. Yo viví en los Estados Unidos y en Brasil, pero en el convento hemos tenido hermanas coreanas, filipinas, alemanas y brasileñas. Aprendí un montón de ellas.

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—¿De dónde surge esta pasión por la cocina?

—Mi mamá cocinaba muy bien. Ella cocinaba al mediodía y a la noche. Hoy eso es algo impensado porque las mamás trabajan. Una forma de manifestarnos que nos amaba era a través de la cocina porque no nos iba a dar un pancho o un sándwich. Cuando tenía 12, mi papá perdió su trabajo y mi mamá tuvo que salir a trabajar, entonces llegábamos del colegio con mi hermano y había que hacer algo si no, no comíamos. Ahí fue que aprendí a hacer todo lo que me gusta comer. Y después, cuando llegué al convento, quedé encargada de la cocina y tuve total libertad para probar cosas. Hoy la comunidad es de cuatro hermanas, pero he cocinado para comunidades de 12, de 20 y hasta de 30 personas; y no es fácil porque además las hermanitas son exigentes .

—¿Qué significa para vos que te presenten como “La sucesora de la hermana Bernarda”?

—Ser la heredera es un montón. Yo no le llego ni a la punta de los talones; ella era una grosa en la cocina. Yo hago recetas súper sencillas, no tengo una cocina sofisticada. Pero ella abrió como un camino: el de la religiosa que cocina. Pero bueno, no tenemos la misma dinámica. Ella era una hermanita como más dulce, más tranqui y yo soy otra cosa.

—Más rockera, fanática de River, poliglota... Contanos un poco de ese costado tuyo tan atractivo.

—Es que yo entré en el convento en el año 2001. Soy una persona más de este tiempo. Soy fanática de River de toda la vida, pero nosotras no podemos ir a la cancha; no condice con nuestro estilo de vida. Fui solo dos veces. Una vez porque teníamos una hermana de Filipinas y vino el hermano de vacaciones a la Argentina y me llevó. Tuve permiso ese día de la superiora para ir. Y después, el año pasado vinieron unos nenitos de Santiago del Estero (fanáticos de River) y fui a acompañarlos. A los recitales tampoco podemos ir. Puedo ir a una peña folclórica, pero al resto no. Nosotras no podemos pasar la noche fuera del convento y los recitales por lo general son de noche.

—¿Qué música escuchás?

—De todo: folclore, Julio Iglesias (porque me recuerda a mi madre), rock (porque es lo que compartía con mi hermano), música religiosa. Me gusta Soda Stereo, Los Gardelitos y también escucho la música que escuchan mis alumnos para estar en onda con ellos.

—¿Qué dicen ellos de esta nueva faceta?

—Creo que se van a sorprender. Ellos son un amor total y recontra van a apoyar. Disfruto mucho estar en el aula. Me encanta.

—¿Qué te gusta más, ser profesora o cocinar?

—Todo me apasiona. No imagino mi vida sin estas facetas: ser religiosa, ir a misionar, cocinar, enseñar.

Vocación religiosa

—¿Cómo empezó esta vocación religiosa?

-A los 21 años hice un retiro y ahí conocí a Jesús. A partir de ahí mi vida cambió. Yo estaba estudiando para ser profesora, estaba en tercer año. A los 23, me empecé a cuestionar la vocación religiosa. Yo trabajaba de profe en lugares muy inhóspitos, donde los chicos fumaban marihuana en el baño y ahí Dios me decía: “Tu vida tiene que ser para ayudar a estos chicos”. Tenía la convicción —y la sigo teniendo— de que el amor de Dios es un amor mucho más abarcativo que el amor de una familia.

—¿Y cómo fue la reacción en tu casa cuando les contaste tu decisión?

-Totalmente negativa. Mi mamá no me habló por varios meses. Yo entré en el convento en marzo,abril y hasta Navidad no me habló. Mi papá también. Me preguntaba sobre la Biblia, no entendía nada. Mi familia no era de ir a la iglesia. Yo soy la oveja negra . Mi hermano lo mismo. Me decía: “Me tenés cansado con esa religión”. Hasta que un día él encontró a Dios y ahí empezó a entenderme. Es que cuando encontramos a Dios la vida se transforma.

—¿En qué momento o qué situación en particular te hizo sentir que habías encontrado a Dios?

—En mi caso fue en un retiro, pero uno puede encontrarlo de mil formas. Con San Ignacio fue a través de una enfermedad, con Francisco fue estando preso, con el Papa Francisco fue en un confesionario. Dios se hace presente en nuestra vida de mil formas.

—¿Cuál es tu “misión” desde el lunes en la pantalla?

—Mi meta es que las personas se acuerden de que Dios está presente y que las ama. Eso quiero transmitir en el programa porque amo a todas las personas y quiero que todas las personas sean felices. Y me parece que la única forma es encontrar a Dios en la vida como fuente de todos los amores.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/ama-el-rock-es-fanatica-de-river-y-ahora-cocinara-en-tv-quien-es-la-hermana-veronica-la-nueva-figura-nid06072026/

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