Quién era Jesica Coria, la maestra que anticipó el incidente que terminó con su vida

En los pasillos de los tribunales de San Isidro el nombre de Jesica Coria es hoy la letra de molde de una carátula fría con una acusación hacia terceros: “estrago doloso seguido de muerte”. Una pérdida de gas, reclamos, una explosión y una vida segada brutalmente son los elementos objetivos de ese expediente en el que se busca establecer responsabilidades penales.

Sin embargo, para Chabe, su madre, de 70 años, Jesica no era un expediente: era “La Negra”, una mujer de 44 años que irradiaba una alegría contagiosa y que, a pesar de las dificultades, nunca dejó de proyectar un futuro mejor para sí y los suyos.

Jesica no era alguien que se conformara. Siempre inquieta, y si bien trabajaba como docente, nunca dejó de formarse y este año estaba cursando el profesorado. Su vida era un rompecabezas de horarios repartidos entre tres instituciones educativas para sostener a sus tres hijos: Demián, de 22 años; Mauricio, de 18, y Facundo, de 7. Era maestra de cuarto grado en la Escuela Nº34 “Guayaquil”, maestra acompañante en el Colegio Santo Domingo Savio y auxiliar en la Escuela N°3, todas de San Isidro.

“Yo siempre les digo a mis hijos que hagan todo lo posible para progresar en la vida. Que busquen ser alguien”, comparte emocionada Chabe, en diálogo con LA NACION. Y amplía: “Cuando la Negra se recibió de maestra la mayoría de sus compañeros dejó de estudiar. Pero ella siguió adelante. Como muchas veces uno dice, si te ponen muchas piedras en el camino hay que esquivarlas y seguir adelante, con la frente alta. Y ella estaba haciendo eso: salir adelante para crecer. Hasta que sucedió lo que sucedió”.

Eso que genera que Chabe tenga que respirar hondo del otro lado de la línea telefónica antes de seguir hablando es una tragedia que pudo haberse evitado. Sobre todo porque Jesica anticipó lo que iba a pasar. Venía advirtiendo que había demasiado olor a gas en la vivienda que ocupaba con sus hijos, en un complejo de departamentos muy precarios ubicados sobre la calle Málaga, en Virreyes.

El 27 de marzo les avisó a sus hijos que iba a bañarse. Fue al baño, prendió la luz y explotó el calefón. Fue, según el relato de su madre, el desenlace de una serie de advertencias sistemáticamente ignoradas por los propietarios, a los que identificó como Daniel Zárate y Tomasa González.

En ese lugar la precariedad era la norma: había solo cuatro bocas de gas autorizadas para alimentar ocho habitaciones que alquilan familias con niños. Jesica sentía el peligro en el aire. “Denunció que había mucho olor a gas, que por favor trataran de remediar todo eso. No le hicieron caso”, relata Chabe.

“Te imaginarás que, como quien dice, se quemó viva”, dice su madre con una crudeza que estremece. Un vecino, en un intento desesperado por salvarla, la envolvió en una sábana mojada y la llevó al hospital San Cayetano. Allí permaneció internada con el 70% de su cuerpo quemado. Allí les pidió a sus hermanos que hicieran justicia por lo que le habían hecho. Allí falleció el 3 de abril.

Lo que siguió a la explosión añade una nueva pátina espesa al dolor de la familia. Su familia denunció que mientras Jesica agonizaba, los propietarios habrían intentado borrar las huellas de su negligencia.

Según cuenta Chabe, personal de la empresa de gas descubrió maniobras en la instalación tras la explosión. “Los empleados notaron que donde mi hija vivía habían cortado el caño, como para intentar demostrar que no llegaba gas a ese departamento. ¿Te das cuenta lo sinvergüenzas que son estos propietarios?”, expone la mamá de Jesica.

Incluso antes de que la investigación judicial avanzara, y mientras la familia intentaba procesar la pérdida, los dueños intentaron recuperar el espacio. “Otra hija mía fue al lugar y ya estaban queriendo limpiar todo cuando todavía había cosas de mi hija y hay una causa abierta. Se ve que querían limpiar todo rápido para volver a alquilar”, denuncia Chabe, quien recalca que el lugar recién fue bloqueado por la Justicia días después.

Una madre que no se rinde

Para entender quién era Jesica hay que mirar a Chabe. A sus 70 años, esta mujer es el pilar de una familia inmensa de 11 hijos biológicos, dos “del corazón”, 40 nietos y casi 20 bisnietos. Su vida estuvo marcada por la tragedia: Jesica es el tercer hijo que se le muere. Antes, uno de 27 años murió por una enfermedad y otro, de 11, ahogado en una pileta en San Isidro.

Chabe hoy enfrenta su propia batalla de salud: padece insuficiencia renal, se dializa y hace un año sufrió la amputación de una de sus piernas, por lo que se moviliza en silla de ruedas. Sin embargo, su fragilidad física desaparece cuando habla de justicia.

“No encontré justicia por el más chico, Jorgito, pero por mi hija ponele la firma que hasta el último día de mi vida voy a exigir justicia”, sentencia con una firmeza que no admite dudas.

En medio de una jornada muy movilizante en donde desde la Fiscalía de San Isidro la enviaron a la de San Fernando para que alguien la reciba allí, donde está radicada la causa, y le explique en qué instancia están las investigaciones, ella se prepara para una marcha que habrá esta tarde, desde las 18, en la intersección de Avellaneda y Málaga, en Virreyes.

Según pudo averiguar LA NACION, en la causa interviene el Juzgado de Garantías N°3 de San Isidro, a cargo de la jueza Andrea Mentasty, y la Unidad Funcional de Instrucción descentralizada de San Fernando, a cargo del fiscal Marcelo Fuenzalida, que en la actualidad está de licencia. La causa está caratulada como estrago doloso seguido de muerte, un delito que prevé penas de entre 8 y 20 años de prisión.

Mientras tanto, Chabe insiste en lo que la mantiene fuerte, aun en medio de tanto dolor: “Jesica se fue sufriendo y no merecía morir de esa manera tan horrible. Lo único que quiero es que mi Negra no quede en el olvido”.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/quien-era-jesica-coria-la-maestra-que-anticipo-el-incidente-que-termino-con-su-vida-nid04052026/

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