Hoy en día vivimos rodeados de personas que viven agresivamente, tanto a nivel físico como verbal. Su objetivo es imponerse sobre los demás para ejercer control sobre ellos. A diferencia del pasivo-agresivo, el agresivo directo manifiesta su conducta de manera abierta. Para él, el otro es simplemente un objeto: alguien a quien utilizar y descartar cuando deja de serle útil. Por eso, frente a quien se interponga en sus deseos, recurrirá a la fuerza, al maltrato y, en los casos más graves, a la violencia.
¿Qué es lo que activa el accionar del agresivo?Por lo general, que alguien le ponga un límite, le diga que no o simplemente no esté de acuerdo con él. Al no poder lograr lo que pretende —el control—, comenzará a agredir abiertamente. En el fondo, considera que los demás están en su vida para someterse a sus deseos sin cuestionarlos.
Ahora bien, miremos estos puntos…
¿Cómo es vivir con un agresivo en la familia?Por supuesto, no es en absoluto agradable, porque, por los motivos que ya mencionamos, siempre se dedicará a generar sufrimiento en su entorno. En algunos casos, toma a una única persona como “víctima” y descarga sobre ella toda su agresión. Por eso, es importante darnos tiempo para conocer a alguien, sobre todo antes de iniciar una convivencia. Muchas veces no tenemos idea de quién está a nuestro lado y solo lo descubrimos cuando ya es demasiado tarde.
¿Cómo es el accionar de un agresivo?Es similar al de un león con su presa: la estudia con mucho cuidado todo el tiempo que sea necesario antes de cazarla; y luego, cuando ya la tiene en su poder, le demuestra “quién manda”. La gente agresiva suele ser muy astuta y se mueve con la mayor calma posible con el fin de conseguir su propósito: dominar al otro. Es por ello que forma un vínculo y busca entrar en el mundo personal del otro.
A partir de ahí, aprovechará el momento más oportuno y la manera más efectiva para desplegar su agresividad. Esto incluirá acciones como desvalorizar, humillar, descalificar, insultar, criticar, amenazar, intimidar, culpar e incluso ignorar al otro. Todo ello irá erosionando el mundo emocional y la autoestima de quien está a su lado, porque, precisamente, el objetivo del agresivo es demostrarse a sí mismo, y a los demás, que puede ejercer poder.
Por todo esto, ya se trate de un ser querido, un amigo, un compañero de trabajo o de estudio, o incluso de un desconocido, jamás permitas que nadie te agreda. Tené siempre presente que el verdadero afecto se refleja más en lo que una persona hace que en lo que dice. No aceptes nunca un “vivir tóxico” bajo la forma de la agresividad de alguien que lleva en su interior una gran carga de ira reprimida y busca descargarla sobre los demás. Todos merecemos un “vivir saludable”.
