Martín Rodríguez, de Gran Hermano: de su dolorosa pérdida familiar al delicado diagnóstico que enfrentó

Martín Rodríguez fue eliminado de Gran Hermano en un mano a mano con Nazareno Pompei. Durante su estadía en la casa encontró aliados y también compartió un duro momento personal que atravesó con su expareja, quien perdió un embarazo de ocho meses. En una charla con LA NACION habló sobre su historia, la decisión de participar del reality y reveló qué lo entusiasma de cara al futuro.

—¿Te sorprendió que a Yanina Zilli le agarrara ese ataque de angustia frente a tu eliminación?

—En el momento sentí dolor por ella y claramente por mí, pero sorprendeme no, porque ella es muy demostrativa y es muy congruente con lo que siente. Me dolió que ella sufriera.

—¿Qué sentís que dejaste en la casa con tu partida?

—Siento que fui una persona justa, equitativa e imparcial, y que hacía rico pan . No sé qué más habré dejado.

—¿Te agobiaba estar en una casa en la que había personas que jugaban tan fuerte y en donde se generaba un clima de tanta tensión?

—Entré en la casa imaginándome un juego y al segundo día ya se empezaron a tirar con todo, así que sí, me sentí agobiado. Estuve cuatro días en los que no sabía dónde estaba, cómo estaba, qué era... La verdad es que no me hallaba. Claramente no iba a abandonar porque no es mi esencia, pero me preguntaba “¿por qué hice esto?”. Y al cuarto día tuve mi primer confrontamiento, mi primera “discusión”, así entre comillas. Y después en charlas con distintas personas me dijeron que las peleas duran tres días o hasta la próxima pelea, y ahí me acomodé a eso. Dejé de estar agobiado y empecé a vivir no con placer, pero sí con cierta atención porque yo no soy de meterme en las peleas de otros, pero sí defender mis ideales.

Un impulso

—¿Cómo era tu vida y qué estabas haciendo antes de decidir anotarte en Gran Hermano?

—Soy preparador físico, estaba con la gente a la que entrenaba para una competencia de los Estados Unidos, cuando mi vecina Julita me dice: “¿Por qué no te anotás en Gran Hermano?“. Yo le dije que no, pero me quedó la idea. Y un domingo estaba en mi casa y dije: “Me voy a anotar”. Hice el video y después sucedió. Ese domingo estaba descansando en casa, cuidando a Aralita, mi perrija, y a otro cachorrito que me habían dejado para cuidar.

—¿Qué significa tu perra para vos?

—Tengo una perrija, es una bulldog francés y está cumpliendo dos años. Ella es todo para mí y me resulta difícil no emocionarme porque la extraño con todo mi corazón. Ella llegó en un momento de mi vida en donde recién me había divorciado de una relación de dieciocho años, de una mujer única y extraordinaria como es Flor. Y yo siempre a las mascotas las tuve como mascotas, pero ella vino a devolverme el cariño, el amor y a sentir la responsabilidad. Además, ella se llama Aral que es el reverso de Lara. Lara es el nombre de mi hija. Y yo siento y creo que hay algo de mi hija dentro de mi perrija.

“Lo peor que puede vivir una pareja”

—¿Hoy cómo es tu relación con Flor?

—Maravillosa. Pasamos por los tormentos que una persona pasa cuando se separa. En un principio la separación es unilateral hasta que después entendimos que somos dos personas adultas que se aman, pero no como pareja, y ahí todo fluyó y prevaleció lo que vivimos juntos. Nosotros con Flor vivimos lo mejor y lo peor que puede vivir una pareja. Mi relación con ella es maravillosa, la elijo y agradezco a Dios que sea así.

—Vos atravesaste algo muy difícil, ¿en qué momento hiciste el clic en el que sentiste que tenías que sacar fuerzas para seguir adelante?

—Si te referís a lo de Lara, cuando sucedió lo que sucedió, eso es intimidad pura. Aunque por ahí no es tan íntimo porque lo conté en la casa, pero es parte de mi intimidad. Lo que me sucedió es que vi a Flor en un estado en el que mi corazón no permitía que ella estuviera. Entonces lo que hice fue prometerme que todos los días de mi vida le iba a sacar una sonrisa, para volver a verla reír, que es lo que más me gusta de ella, o lo que más me gustaba de ella. Entonces en un principio fue focalizarme en eso, pero después la pasé mal porque cuando Flor volvió a sonreír y a disfrutar su vida, su inteligencia, su capacidad y su belleza, yo me encontré con que me había olvidado de mí mismo. En ese momento empecé terapia hasta que entendí que soy un privilegiado porque tengo un ángel en el cielo que me cuida.

—¿Y cómo te rearmaste?

—Después de haber pasado tanto tiempo llorando solo en el baño para que Flor no me viera mal, esperando a que se me deshincharan los ojos, me di cuenta de que me estaba haciendo mal. Además, yo había pasado casi en simultáneo un cáncer, era todo un montón. Y encontré el CrossFit, eso me ayudó. Yo estaba formando una empresa, estaba muy metido en todo menos en mí, y el CrossFit me permitió pensar en mí, en la acción de pensar para no morirme. Y desde ese lugar me pude ver mejor, sentir mejor, ayudarme a nivel psicológico, que fue fundamental, y esa fue la base de todo para lograr valorizarme de nuevo.

Poner el cuerpo

—¿Qué tipo de cáncer atravesaste?

—Tuve cáncer de testículo. Me lo extirparon y me hice rayos. Me controlé durante diez años, pero ya tengo el alta definitiva. Después me salieron unas cositas en pleura, en columna y también lo controlo anualmente.

—¿Pensás en un futuro ser padre?

—Sí, lo pienso. En principio tuve una charla con Manuel, muy linda. Cuando él me preguntó esto mismo que me preguntás vos, le contesté que sí, pero que tenía miedo de no ser un buen padre. Y él me dijo: “Una persona que a los cuarenta y tantos duerme abrazado a un peluche, y habla así como vos hablás de Aral, no hay manera de que no sea un buen padre”. Sí pienso, claro que lo pienso. Es más, lo pienso mucho más de lo que razono.

—¿Qué es lo que te hace sonreír hoy y cuando estabas en la casa qué anhelabas hacer cuando salieras?

—A mí lo que me pasó en la casa es que valoricé un montón de cosas, como mirar a la gente a los ojos. De tanto estar con el celu, en las charlas yo no miraba a los ojos, me perdía en eso. Cuando uno tiene a sus seres queridos en la vida cotidiana, sabés que los tenés y los relativizás. Pero cuando a vos te pasan estas cosas, que estás en una casa encerrado tanto tiempo, empezás a extrañar tanto que pensás en que no querés perderte de abrazarlos, besarlos, decirles que los amás. La verdad es que valoré de nuevo muchas cosas.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/martin-rodriguez-de-gran-hermano-de-su-dolorosa-perdida-familiar-al-delicado-diagnostico-que-nid23042026/

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