¿Quién viene? La pregunta se escucha de boca de los hinchas desde el mismo día que finalizó el torneo pasado hasta mucho más allá de que comience el próximo. Las reglas alargan el tiempo: el Registro de Inscripciones cierra el martes 20 de enero, pero los clubes que transfieran a un jugador al exterior tendrán plazo hasta el 10 de marzo para incorporar uno en su reemplazo; ese día, para tener una referencia, empezará la décima fecha de un torneo de dieciséis. La pregunta, entonces, se repite. Y se repite también porque suele venir acompañada de un deseo: que la respuesta nombre a un jugador interesante, uno que gane partidos, por lo menos uno que convierta para que el equipo después los gane. Justamente uno que todos buscan. Y casi nadie encuentra.
Boca quiere atacantes. River parece haberse resignado en la búsqueda de un goleador (sondeó a Luciano Gondou). Independiente analiza nombres. Racing busca posibles reemplazos de lo que tiene. San Lorenzo lo necesitará si se desprende de Alexis Cuello. Talleres quiere a Ronaldo Martínez y si lo consigue, Platense pasará a la lista de los que buscan. Newell’s, Estudiantes, Argentinos, Sarmiento, Instituto, Independiente Rivadavia, Gimnasia de La Plata y Gimnasia de Mendoza incorporaron un 9. Otros se frustraron después de hacer un intento. No sobran las alternativas, al contrario. Varios se pelean por los mismos. Los representantes esperan al mejor postor y se hacen una fiesta.
View this post on InstagramFaltan especialistas. Como si fuese el opuesto del mercado laboral general, donde se valora al experto y se requiere conocimiento específico, a los futbolistas se les pide que asuman funciones que antes eran de sus compañeros. Así como el arquero debe asegurar salida limpia con los pies, el volante central no puede ser impreciso en el pase largo y el wing tiene que marcar al lateral rival hasta campo propio, el finalizador de jugadas no puede quedarse en eso. Sus funciones incluyen presionar y moverse fuera del área para ser parte del juego creativo. Tanto sumó que perdió lo fundamental.
Es una tendencia mundial de años, no hay tanta novedad. Quedan pocos referentes como Robert Lewandowski y Erling Haaland, de esos jugadores que pueden pasarse el partido esperando la chance para festejar. La selección se coronó en Qatar con el modelo de atacante que sale para luego entrar, Julián Alvarez. Antes la denominación de 9 de área hubiese sido una redundancia; hoy es una descripción. El problema, en definitiva, no es la escasez de centrodelanteros sino la de goleadores. En ese punto el fútbol argentino almacenó números negativos en los últimos tiempos.
El jugador que más convirtió en el reciente torneo no llegó al doble dígito: Ronaldo Martínez, con 8 en 13 encuentros. En los últimos diez torneos, apenas uno llegó a un festejo por partido: Miguel Borja, con 13 en 13 en la Copa de Liga 2024. En estas últimas diez tablas de goleadores, figuran algunos que tuvieron su pico de efectividad en ese momento: Tomás Molina con 10 en 18 en el Apertura 2025, Michael Santos con 13 en 24 en la Liga 2024 y Luis Pulga Rodríguez con 8 en 13 partidos en la Copa de la Liga 2021. Rachas aisladas no hacen a un goleador. Para hallar un promedio alto como el de Borja hace dos años, hay que remontarse al Apertura 2007, cuando Germán Denis festejó 18 en 19 partidos para Independiente. O a los históricos 20 en 19 de Martín Palermo en el Apertura 1998.
El formato de competencia tal vez haya conspirado contra la abundancia goleadora. Los últimos dos campeones, Platense y Estudiantes, ganaron las series mano a mano con tres 1-0 y un 1-1. Pero en las fases regulares también escasean los gritos. Sólo 12 de los 30 equipos convirtieron más de uno por partido: es decir, el 60% de los equipos no llegó a lo que había llegado Palermo por cuenta propia en el final del siglo pasado. El último fue el torneo en el que se dio el récord de 0-0 en una fecha: 9 en la 3ª. Ningún equipo marcó más que Boca; paradójicamente, la crítica que se le hace es que perdió gol. River, por su parte, estuvo 445 minutos sin abrazarse, coqueteando con su peor marca histórica, los 534 minutos del Clausura 2010. Adrián Maravilla Martínez, casi un recién llegado al fútbol de primera y aun así el sinónimo de gol de los últimos tres años, llegó a 966 minutos sin acertar.
Como sus equipos no son efectivos, los entrenadores piden delanteros que les garanticen lo que no hay. Sucede que también faltan de esos jugadores. Y si no surgen nueves, no hay que forzarlo. Miguel Merentiel y Maximiliano Salas son dos ejemplos de aquellos que rinden mejor por todo el frente de ataque que en el centro. El esquema táctico nunca debe estar por encima de las características técnicas. Por otro lado, lo colectivo debe solucionar lo individual. El goleo tiene que estar repartido. En ese reparto de funciones más amplio, los volantes deben pisar el área para ser decisivos y ya es inadmisible que el defecto de un atacante por afuera sea que no llegue al gol. También se podría recordar que nunca es tarde para evolucionar. Que el entrenamiento mejora. Si el fútbol es un deporte en el que reina lo grupal, cada uno tendrá que aportar. La consulta de quién llega a cada club seguirá. Pero ya sin esperar que el que llegue sea el salvador.
