Tal como describe la teoría del caos, un cambio, por más pequeño que sea, puede alterar por completo el resultado. Eso no significa que las cosas estén libradas al azar. Todo lo contrario: en esa aparente imprevisibilidad hay una lógica propia y calculada para llegar a buen puerto, incluso cuando el rumbo toma sendas inesperadas. Inmerso en ese universo de incertidumbre está No Te Va Gustar tocando “No somos nosotros”, una canción nueva de más de cinco minutos que tiene una coda instrumental en la que la banda parece perder el control, pero, para alegría del público, el tema deriva en “No era cierto”, de su primer álbum, que se convirtió en el ritual de cierre de casi todos sus shows. Así, del desorden emerge el clásico conocido o, haciendo referencia al álbum que presentaron este sábado en Ferro, Florece en el caos.
Luego de celebrar sus treinta años de carrera con una gira de estadios entre 2024 y 2025, No Te Va Gustar atravesó una etapa frenética tras cinco años sin estrenar material.
Como bien explicó el cantante Emiliano Brancciari a LA NACIÓN: “El título del álbum tiene que ver un poco con que el mundo es un caos general zarpado y la música es uno de esos lugares donde uno se refugia. También para la banda el hecho de mudarse fue algo caótico, así que pasa a ser algo personal. Dentro de tanto lío de mudanza, que es estresante, llegar a un lugar nuevo y que estas canciones nos hagan vivir un momento de felicidad es importante”.
De todo ese caos, entonces, floreció este nuevo trabajo, que en Caballito sonó en su totalidad, un lujo que pocos músicos se pueden dar en una época de hits descartables, donde el sencillo es el rey, el álbum es una excusa para engrosar la cantidad de reproducciones en las plataformas de streaming y el éxito de un show depende de qué tanto se acerque a un compilado de grandes éxitos.
El objetivo de haber editado el disco en enero -la peor época del año de acuerdo con quienes trabajan en la industria discográfica- fue que el público llegara a la presentación oficial con las canciones aprendidas. Desde ya, la gente devolvió la gentileza con creces y No Te Va Gustar hizo concesiones con un show de tres horas y cuarenta canciones, donde las nuevas se entrelazaron a la perfección con las más viejas, entre clásicos como “A las nueve”, “Tan lejos”, “Chau” y “Ese maldito momento”, y rescates emotivos, entre los que sobresalieron “Memorias del olvido”, “El último jefe” y “Tirano”, “escrita hace mucho para un presidente norteamericano que declaraba la guerra en Medio Oriente en nombre de la libertad. ”Qué coincidencia”, remató Brancciari.
Al incluir “Los villanos”, “El oficial” y la reciente “Que no te queden marcas” -dedicada desde las pantallas a los desaparecidos por la última dictadura militar-, el grupo deja en evidencia su malestar con la coyuntura actual y, desde el inicio, se muestra en su versión más contestataria con “Halcones y payasos”, tema que abre el nuevo disco y dispara una advertencia: “Ya estuvimos así, ya salimos de cosas peores / no la vimos venir y seguimos acá”.
A pesar de la bronca, la banda se toma los momentos necesarios para reivindicar el amor, como en “No te imaginás”, “Verte reír” y “Josefina”, dedicada a la abuela del cantante, que invitó a su sobrino Gonzalo Brancciari para tocarla. “Acaba de ser padre, así que soy tío abuelo”, anunció con una inocultable emoción antes de presentar al único invitado de la noche. Había expectativa por la aparición de Andrés Ciro Martínez para cantar “Tan mal”, la colaboración que grabó con la banda para Florece en el caos, pero el líder de Los Piojos y Ciro y los Persas no se encontraba en la ciudad para aceptar la invitación a subir al escenario (en su cuenta de Instagram se lo puede ver en los Estados Unidos disfrutando del New Orleans Jazz & Heritage Festival).
A esta altura, nadie se atrevería a cuestionar la localía de No Te Va Gustar tras más de tres décadas tocando en toda la Argentina. Emiliano, además, nació acá y se fue a vivir a Uruguay en la adolescencia. Por eso, ante el primer respiro que se toman tras los primeros temas, afirma que es una “alegría volver a casa”, idea que refuerza sobre el final, antes de los bises. Si hay alguien que sabe florecer en el caos, ese es Brancciari. Su propia historia parece responder a esa lógica. Como el efecto mariposa, un hecho pequeño -un matrimonio del Conurbano que se rompe y deriva en una mudanza al país vecino- tiene años después una consecuencia mayor: la formación de una banda de rock que se convierte en una de las más grandes en ambas orillas del Río de la Plata.
