Milei, en las buenas y en las malas: más de lo mismo

Javier Milei tiene un problema que la ciencia que lo apasiona estudió durante siglos: vende más de lo que puede ofrecer y a un plazo de entrega menor del que necesita para producir.

La inflación creciente en los últimos diez meses viaja contra la expectativa instalada por el Presidente en el sentido de que la Argentina tendría en poco tiempo índices parecidos al resto del mundo y con un esfuerzo concentrado en la casta, como rebautizó al sistema político. El esfuerzo alcanza a todos los sectores y ya empezó a reducirse el amplio aguante y acompañamiento a mantener los sacrificios que requieren salir de una situación macroeconómica compleja.

En los últimos días Milei repitió esa promesa, pero ya no fijó fecha en el calendario. Eliminar la inflación, una enfermedad crónica desde hace seis décadas, sigue siendo su objetivo prioritario, el que eligió para que su gestión sea evaluada y sobre la que espera obtener otros cuatro años de mandato, a fines de 2027.

Milei es un boxeador que agota sus fuerzas en repetir su mejor golpe mientras aguarda que su rival se rinda antes

Milei hizo algo todavía más importante el martes pasado, cuando habló en la reunión de Amcham horas después de que se difundiera el índice mensual más alto en un año, 3,4 por ciento en marzo. Ahora, cuando es peor valorado que nunca desde que asumió, reafirmó que seguirá por el mismo camino y que profundizará la aplicación del severo ajuste de las cuentas públicas. “Más motosierra, menos gastos para bajar impuestos”, resumió.

Como Ulises, dice estar atado al palo mayor del barco que conduce para no ceder a los cantos de sirena que le reclaman cambios y le sugieren que la economía puede reactivarse si deja correr un poco la inflación. “Esa es una estafa”, asegura Milei y cita ejemplos más que reconocibles de esas maniobras en las largas décadas de disparates económicos que acumula el país.

El Presidente pide que le crean que no cambiará, que seguirá aferrado a su convicción de que la inflación es una enfermedad que se cura con remedios monetarios.

Milei quedó expuesto al fracaso al augurar cuándo esas recetas harán efectos justo en el momento en el que empiezan a registrarse signos de cansancio social sobre el modo en que está aplicando el tratamiento.

La caída que se empezó a notar en febrero en cuanta encuesta haya sido realizada sobre las prestaciones del gobierno libertario no ha cedido en tres meses, al extremo de consolidarse como mayoría quienes rechazan la gestión.

Imposible no incluir en esta caída el efecto tóxico de las sospechas de corrupción que cuando la economía empeora sirven de explicación y bajan la tolerancia a las penurias.

El clima se enrareció en poco tiempo y trata de ser utilizado por el peronismo con la amplificación de las demandas y del mal humor

Los sondeos siempre serán el registro de una circunstancia; en este caso, marcada por los dolores que provoca el ajuste, la baja del consumo y el temor a perder empleos que se advierte en sectores poco competitivos. La queja de que se hace difícil llegar a fin de mes se extiende cada día más.

No son meras sensaciones. Ha caído el número de empresas (en especial pymes), la actividad industrial marcó una caída interanual del 8,7 por ciento y aumentó el endeudamiento con tarjeta de crédito de las familias para gastos como compras de supermercados.

Milei no tiene herramientas que no sean otra cosa que su convicción de que la inflación al final cederá y, según sus palabras, “se derrumbará”. Es un boxeador que agota sus fuerzas en repetir su mejor golpe mientras aguarda que su rival se rinda antes.

La realidad es un poco más compleja. Las alzas de precios encontraron un acelerador extra en el cisne negro que para todos los países es la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Es el único elemento adicional que Milei puede incorporar al menú argentino de dificultades que empieza en el recuerdo del desastre heredado y sigue con las inconsistencias de su propio plan de ajuste.

El Presidente celebra como un gran éxito el salvataje financiero del Tesoro de los Estados Unidos ordenado por Donald Trump en medio de la corrida cambiaria de los días electorales en los que llegó a temerse un reverdecimiento del kirchnerismo. Es una forma de ocultar por qué fue necesaria esa ayuda sin precedentes: el plan del ministro Luis Caputo no soportó el previsible rigor de una campaña electoral.

Luego, el 41 por ciento de los argentinos le dijeron con sus votos a Milei que iba por el camino correcto y que no deseaban una regresión.

Eso le sirvió a Milei para cumplir sus objetivos parlamentarios durante el verano, cuando un grupo de aliados provinciales votaron junto al oficialismo una reforma laboral, cambios a la ley de glaciares para garantizar las inversiones mineras y la baja de la edad de imputabilidad de delitos penales a menores.

Sobre la rigidez libertaria crece la esperanza de la construcción de un frente opositor multiforme que empieza en Axel Kicillof y puede terminar en algún candidato formateado en un laboratorio evangelista

Milei no tiene otros recursos para una ola de demandas crecientes motorizadas por el alza de precios, pero en especial por las restricciones al gasto público. Hay un coro organizado de gobernadores que reclaman fondos para distintas cosas, desde la reparación de rutas sin mantenimiento hasta compromisos firmados y que la administración nacional desconoce.

Y hay, también, demandas múltiples expresadas en paritarias salariales tensas, y pedidos de fondos de sectores sensibles como los destinados a la atención médica de los jubilados y de los discapacitados.

El clima se enrareció en poco tiempo y trata de ser utilizado por el peronismo con la amplificación de las demandas y del mal humor. Mejor exponer al Gobierno en un momento de debilidad que exhibir que en ningún rincón opositor hay alguna idea distinta de las que el kirchnerismo usó para irse derrotado luego de haber generado el hartazgo que facilitó la construcción de Milei como fenómeno.

Sobre la rigidez libertaria crece la esperanza de los opositores de la construcción de un frente opositor multiforme que empieza en Axel Kicillof y puede terminar en algún candidato formateado en un laboratorio evangelista.

Nada muy novedoso ni más fuerte que esta dura realidad. Milei está convencido de que podrá doblegarla antes de que el cansancio social que lo llevó al poder se vuelva en su contra.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/milei-en-las-buenas-y-en-las-malas-mas-de-lo-mismo-nid17042026/

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