Agatha Christie, una adelantada: pidió al papa Pablo VI mantener las misas en latín (y lo convenció)

El conflicto del papa León XIV con los sacerdotes tradicionalistas lefebvristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que rechaza varias reformas del Concilio Vaticano II e insiste en celebrar la antigua misa tridentina en latín y de espaldas a los fieles, tiene un antecedente literario. En 1971, la escritora británica Agatha Christie (1890-1976) firmó una carta en la que se alertaba al papa Pablo VI “sobre la tremenda responsabilidad en la que incurriría en la historia del espíritu humano si se negara a permitir la subsistencia de la misa tradicional, incluso aunque esta subsistencia tuviera lugar junto con otras formas litúrgicas”.

Apoyaban el reclamo “ecuménico y apolítico” por la pervivencia de la misa en rito antiguo muchos otros escritores, católicos y no católicos, como Graham Greene, Henri de Montherlant, Cyril Connolly, Robert Graves y hasta Jorge Luis Borges. Christie era miembro de la Iglesia de Inglaterra, de la Comunión anglicana, y en ese entonces una escritora de renombre internacional. El detective Hércules Poirot, protagonista de muchas novelas de la “reina del crimen”, es un católico romano devoto.

El 28 de abril de 1969, Pablo VI había promulgado el novus Ordo Missae, culminación de la reforma litúrgica iniciada en el Concilio Vaticano II que habilitó, entre otras medidas modernizadoras que impugnan los lefebvristas, el uso de las lenguas nacionales y la preparación de un nuevo misal, que se presentó en 1970.

Además de las protestas de clérigos, teólogos y laicos por esta “revolución litúrgica”, hubo reclamos de cristianos y no cristianos de todas las nacionalidades que pedían al Papa el restablecimiento o, por lo menos, la aceptación de la misa tradicional en latín. Entre ellas, figuraba la carta que firmaron más de cien personalidades en defensa de la “tradición viva” que representaba la misa tridentina en Inglaterra y Gales. La carta fue enviada al Vaticano en octubre de 1971.

“Si algún decreto insensato llegase a ordenar la destrucción total o parcial de las basílicas o las catedrales, obviamente serían las personas beneficiadas por la cultura, cualesquiera fuesen sus creencias personales, quienes se alzarían horrorizadas en oposición a una posibilidad tal -se lee en la solicitada elevada al Papa-. Ahora bien, el hecho es que las basílicas y catedrales fueron construidas para celebrar un rito que, hasta hace unos meses, constituía una tradición viva. Nos estamos refiriendo a la misa romana tradicional. Aun así, de acuerdo con las últimas informaciones provenientes de Roma, existe un plan para hacer desaparecer dicha misa hacia fines del año en curso. Uno de los axiomas de la publicidad contemporánea, tanto religiosa como secular, es que el hombre moderno en general, y los intelectuales en particular, se han vuelto intolerantes a toda forma de tradición y están ansiosos por suprimirlas y poner alguna otra cosa en su lugar. Pero, como muchas otras afirmaciones de nuestras máquinas publicitarias, este axioma es falso; hoy, como en los tiempos pasados, las personas cultas están a la vanguardia, allí donde es necesario el reconocimiento del valor de la tradición, y son las primeras en dar la voz de alerta cuando esta se ve amenazada”.

Y prosigue: “No estamos considerando en este momento la experiencia religiosa o espiritual de millones de individuos. El rito en cuestión, en su magnífico texto latino, ha inspirado una pléyade de logros artísticos invalorables, no solo obras místicas sino también las de poetas, filósofos, músicos, arquitectos, pintores y escultores de todos los países y épocas. De tal modo, pues, que el rito pertenece a la cultura universal, tanto como a los hombres de Iglesia y a los cristianos formales. En la civilización materialista y tecnocrática de hoy, con su creciente amenaza para la mente y el espíritu en su expresión creativa original, la palabra, parece especialmente inhumano privar al hombre de formas verbales que han alcanzado su más excelsa manifestación”.

“Los firmantes de este pedido, que es completamente ecuménico y apolítico, proceden de cada una de las ramas de la cultura europea y de otras partes -finaliza-. Quieren llamar la atención de la Santa Sede sobre la tremenda responsabilidad en la que incurriría en la historia del espíritu humano si se negara a permitir la subsistencia de la misa tradicional, incluso aunque esta subsistencia tuviera lugar junto con otras formas litúrgicas”.

Además de Christie, firmaron el memorándum los escritores Robert Graves, Graham Greene, Cyril Connolly, Cecil Day Lewis (el padre de Daniel Day Lewis), Iris Murdoch, Jorge Luis Borges y Nancy Mitford, el historiador Kenneth Clark, el violinista Yehudi Menuhin, el musicólogo Marius Schneider y el político José Grimond, entre muchos otros.

El cardenal John Carmel Heenan, arzobispo de Westminster, presentó la petición al Papa, que ordenó aprobarla el 5 de noviembre de 1971, en una carta firmada por monseñor Annibale Bugnini, quien había sido el “arquitecto” de la reforma. Al parecer, tras leer la carta, Pablo VI habría exclamado: “¡Ah! ¡Agatha Christie!”. Por eso se conoce la aprobación para celebraciones ocasionales de la “misa en rito antiguo” en Inglaterra y Gales como el “Indulto a Agatha Christie”.

En 1984, el papa Juan Pablo II estableció un indulto mundial; el papa Francisco no prohibió las misas en latín, aunque fijó restricciones: para celebraciones públicas, los sacerdotes deben contar con la aprobación expresa de sus obispos o de la Santa Sede.

Una escritora devota

En Autobiografía, la escritora recuerda: “Una cosa que me ha producido una gran satisfacción es haber escrito una novela –corta, creo que se llama, de una extensión a medio camino entre una novela y un relato breve– cuyos beneficios se destinaron a colocar una vidriera en mi parroquia de Churston Ferrers. Es una bonita iglesia pequeña, pero siempre me disgustó el ventanal del este, que era de vidrio corriente. Todos los domingos me fijaba y pensaba lo bonito que sería en colores pálidos. Como no tenía ningún conocimiento sobre cristal emplomado, tuve que visitar varios talleres y encargar diferentes diseños a varios artistas. Al final me decidí por uno llamado Patterson que vivía en Bideford y que me había enviado un diseño de ventanal que me encantó sobre todo por su colorido, ya que no había empleado azules y rojos, como se suele hacer, sino predominantemente malva y verde pálido, mis colores favoritos. Quería que la figura central fuera el Buen Pastor, pero tuve dificultades con la diócesis de Exeter y también con el señor Patterson, porque ambos insistían en que el diseño del panel central de una ventana orientada al este tenía que representar la Crucifixión. Sin embargo, después de hacer algunas indagaciones, en la diócesis convinieron en que figurase lo que yo quería, puesto que la parroquia estaba consagrada al Buen Pastor. Tenía interés en que fuera un ventanal alegre que los niños mirasen con placer. En el centro quedó el Buen Pastor y en los otros paneles se incluye el pesebre y la Virgen con el Niño, los ángeles apareciéndose a los pastores en el campo, los pescadores en su barco con las redes y Jesús caminando sobre el mar. Son escenas sencillas del Evangelio que disfruto contemplando cuando voy a misa los domingos. El señor Patterson hizo una preciosa vidriera, que creo que pasará con éxito la prueba de los siglos porque es sencilla. Me siento orgullosa y a la vez humilde por haber podido realizar ese ofrecimiento con el producto de mi trabajo”.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/agatha-christie-una-adelantada-pidio-al-papa-pablo-vi-mantener-las-misas-en-latin-y-lo-convencio-nid06072026/

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