En 2026, Fabiana obtuvo la nacionalidad francesa por decreto, un logro que corona diez años de vida en París y una historia familiar muy especial. Este es su tercer pasaporte y refleja su espíritu explorador por naturaleza: Fabi no siente que este hito la aleje de su país, Argentina, sino que la acerca al mundo y lo expande. De hecho, ella trabaja en una escuela de hotelería y restauración, y allí, entre otras cosas, comparte con sus alumnos las recetas argentinas, incluidas las deliciosas empanadas.
Karina, por otro lado, recorre las calles icónicas de París cada día. Su actividad relacionada a la docencia y realizada de manera independiente, la lleva por diversos ámbitos: empresas, museos y también a la Torre Eiffel.
Una es de Santa Fe, la otra de La Plata, y una decisión, muchos años atrás, las unió en Francia, un país que adoran, pero que, sin dudas, tiene costumbres diferentes, que también se reflejan en épocas mundialistas.
“Los franceses, en general, no son tan fanáticos como los argentinos, miran y festejan cada triunfo de Francia, aunque es otra intensidad. Pero los que son apasionados de fútbol no se olvidan del resultado del último Mundial, sobre todo cuando ven las camisetas de Argentina en las calles de París. Aun así, hemos escuchado a varios franceses hablar maravillas de Messi y de la albiceleste”, cuentan las argentinas, quienes llegaron a Francia empujadas por los mismos motivos.
Épocas de bonanza, París y el amor: dejar todo por un francésMuchos años atrás, mientras Fabiana y Karina preparaban sus valijas y lidiaban con sus emociones contradictorias, lejos estaban de saber que algún día se conocerían. El desarraigo, a pesar de ser un evento tan usual para hombres y mujeres de este planeta, jamás se siente ordinario y así estaban ellas, envueltas en una sensación de singularidad, al pie del abismo, a punto de dejar su suelo atrás para saltar hacia una nueva vida, todo por amor. El vértigo, la incertidumbre y la felicidad convivían en ambas, al igual que su amor por la Argentina, por un hombre y por París.
El romance de Karina con París había nacido hacía muchos años. Oriunda de La Plata, se había mudado al barrio de Palermo en Buenos Aires y trabajaba en Air France, “en la época de las vacas gordas, los cursos, conferencias y convenciones que se hacían en París”.
El trabajo y los tiempos de bonanza la llevaban cada año a dicha capital, donde entre asuntos laborales, siempre lograba encontrar su tiempo para pasear por la ciudad. Año tras año, París se fue abriendo ante ella, sus sabores, sus secretos, su sonoridad, así como su gente. Y en uno de sus tantos viajes, Karina descubrió que cupido esperaba por ella para cambiarle su destino para siempre: “Conocí al amor de mi vida, Jean-Marc, mi actual marido”, revela.
Tras días idílicos, él la visitó en Argentina y adoró sus orígenes, tiempo después, ella volvió a Francia y en su compañía exploró como nunca antes París y, al cabo de dos años, decidieron dejar el amor a distancia y mudarse juntos.
“No fue una decisión fácil, no por los sentimientos, sino por todos los cambios que implicaba en nuestras vidas. La idea de alejarme de mi familia y mis amigos me asustaba bastante, pero con el tiempo y la distancia comprendí que los verdaderos afectos no se pierden”.
Fabiana, por su lado, había llegado a Francia en varias oportunidades, gracias a diversas becas. Fue en el 2013 que allí, en París, le ofrecieron un trabajo temporal que trajo consigo mucho más que un sueldo y grandes aprendizajes. Julien, un francés encantador, compartió aquel espacio para luego compartir su vida: “Fue él quien me empujó a lanzarme a crear una vida juntos y a intentar una nueva aventura laboral”.
“Mi entorno cercano lo vivió con sorpresa, no por el destino (soy profesora de francés y ya amaba París) sino por el hecho de dejar un muy buen trabajo de planta en Comunicación en el Ministerio de Cultura de Santa Fe y alejarme de mi mamá, que es viuda, más allá de que está mi hermano”, cuenta pensativa.
Fabi siempre había sido de ese tipo de mujeres que privilegiaba la vida profesional, y ahí estaba, dejando todo su esfuerzo por “un francés”, a los 38 años. Su entorno no podía salir del asombro e incluso le llegaron frases de algunas amistades como: “Mirá si es un asesino serial”, “qué vas a hacer si te deja en la calle”, “¿y si no te va buscar al aeropuerto?”
Las renuncias y la llegada a París: “No es más mi cielo”Para Karina, lo más complejo de emigrar fue renunciar a su trabajo en Air France. Amaba lo que hacía y sentía que formaba parte de una gran familia. Por las dudas, pidió un año sabático, pero se lo negaron sin ninguna explicación. El destino parecía decirle que, si iba a transformar su vida, el cambio debía ser completo. Finalmente, con ojos empañados, Kari caminó hasta el correo central y presentó su renuncia: “Fue duro, pero sabía que este gran paso me abría la puerta a una nueva vida”.
“Cuando llegué a Francia tuve la mejor de las bienvenidas. Jean-Marc había preparado todo para que yo estuviera bien. Sus amigos y familia me recibieron con los brazos y corazones abiertos”, se emociona. “Pero debo decir que no todos los días fueron fáciles ni color de rosa”.
Las emociones de Fabiana al momento de su partida fueron similares: incertidumbre, ansiedad, miedos. Pero, junto a aquellos sentimientos, prevalecía la certeza de que su historia de amor con Julien y con París merecían ser vividas. “Si no lo hago ahora no lo hago más”, se dijo.
Jamás olvidará el día de su arribo, miró al cielo y observó la luna creciente invertida: “No es más mi cielo”, murmuró. “Ya está, estoy en Francia”.
“Por mi parte, creo que lo que más aprendí en mis años en París es a escucharme y reconocer que uno es capaz de cambiar y reinventarse. Y en ese proceso aprendí mucho sobre mi argentinidad más que sobre los franceses. Todo eso que uno hace, reproduce y repite culturalmente y que nunca se cuestionó. Muchas cosas se ponen en juego, desde el rol de la mujer, hasta el tono de voz que se usa”, dice Fabiana, pensativa.
“Aprendimos que podemos generar un nuevo proyecto, seguir en contacto con Argentina, con nuestra lengua, nuestra historia y, a la vez, sentirnos cien por ciento parisinas, integradas y felices de estar acá. Logramos un buen maridaje entre nuestros orígenes y nuestra nueva cultura”, concluyen.
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