En el Alto Valle del Río Negro, en la Patagonia argentina donde la tradición frutícola tiene décadas de historia, una manzana distinta empieza a llamar la atención. No es solo su sabor ni su forma: es su color. Roja por fuera y también por dentro, esta variedad se posiciona como una novedad en el mercado global y abre una nueva etapa para la producción local, de la mano de un desarrollo internacional que ya muestra resultados. Se trata de Kissabel, conocida como “el beso de la naturaleza”, una manzana que combina una estética poco habitual con atributos vinculados a la salud. Según destacan sus desarrolladores, se caracteriza por su “alto contenido en antioxidantes” y un perfil de sabor que remite a “toques de frutos rojos para una experiencia culinaria excepcional”.
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Detrás de este desarrollo hay un consorcio global que trabajó durante años para lograr una fruta con identidad propia. La Argentina forma parte de ese entramado a través del Grupo Prima, que comercializa también las tradicionales manzanas Moño Azul y que hoy apuesta a este nuevo segmento de alto valor.
