La pregunta que inquieta al mercado: ¿sigue Milei en 2027?

El debate sobre la irreversibilidad o no de la “nación libertaria” creada por Javier Milei ya se filtra en el discurso público. Y, claro, cualquier marcha atrás mete ruido en el mercado. Hay que “blindar el cambio”, fue la metáfora de la “alta política”, como rebautizó el Presidente a la casta. Un banquero oficialista se radicalizó y abrió una discusión con economistas y exfuncionarios: dolarización para frenar la vuelta del “populismo”.

La desesperación no es sólo un síntoma de una aparente debilidad política —nadie ni nada ya garantiza que el péndulo no vuelva a volcarse en 2027 hacia el otro extremo—, sino también de que el país vuelve a fallar buscando consensos. La política no los materializa, pero tampoco hay una idea que se imponga por sus resultados más allá de las “master class” diarias.

La pregunta sobre la estabilidad del rumbo no es inocente; tiene su origen en varias capas del discurso público de las últimas horas. Se trata de una respuesta a varios estímulos recientes. Tres economistas no kirchneristas, más bien más cercanos al establishment, pidieron un tipo de cambio más alto; referentes peronistas llamaron a expropiar y revisar los beneficios a las grandes inversiones por llegar y satélites del kirchnerismo vuelven a entender que la solución es un “Plan Platita”, incluso emitiendo cuasimonedas.

Son sólo algunos ejemplos. Sin embargo, el ruido más significativo aparece en las encuestas. “La plata no alcanza”, sugieren en la mayoría cuando se consulta por los problemas que enfrenta la sociedad. Pese a que para el Gobierno es una herramienta que no es representativa, ni siquiera del clima social, la falta de derrame económico en sectores de la economía tradicional, intensivos en empleo y motores de los conurbanos animó al círculo rojo a vender un “mileismo sin Milei”: macro ordenada con micro empática.

Pero Milei no cambiará. No dolarizará. No están los dólares. Tampoco devaluará. De hecho, hay movimientos subterráneos para sostener el tipo de cambio en torno a los $1500 que siguen afectando la actividad. El gran miedo oficial antes de las elecciones es una corrida cambiaria, que neutralice todo lo hasta ahora ganado: estabilidad y descenso de la inflación.

“El Gobierno se está blindando”, dijo el CEO de un banco, que celebró el programa financiero oficial para pagar la deuda y la abundante compra de reservas del Banco Central (BCRA), pero que cambió en las últimas semanas a un escenario más pesimista por el andar económico y por la caída en la confianza en el Gobierno que marcan algunos indicadores.

En dos discursos económicos que dará en las próximas horas (uno será en el Consejo de las Américas y el otro en la Bolsa de Comercio de Rosario), el Presidente insistirá en explicar el modelo de crecimiento económico en términos agregados que impulsa la gestión libertaria.

Hará una desagregación de equilibrio general para explicar la transición a la luz de diferentes shocks, una síntesis de cuáles fueron, hablará del progreso tecnológico, la desregulación, la apertura, la expansión de los recursos naturales y de la evaluación ética y moral de las respuestas a cada shock. Quizás también se meta con la casuística de algunos medios y comente que, si a un carnicero le va mal, no significa que a todos les vaya mal.

Lo que quedará claro es que Milei es Milei: no cambiará para ganar las elecciones de 2027. Lo que pase, dicen cerca del Presidente, “está en manos de los argentinos”. Son definiciones que ponen nerviosos a muchos. Milei no devaluará porque, como suele mencionar Ricardo Arriazu, se ingresaría a una “calesita de precios relativos” que golpearán aún más los salarios. Hará oídos sordos a Miguel Ángel Broda, Roberto Frenkel y Carlos Melconian, entre otros, que, en las últimas semanas, dijeron que un tipo de cambio protegería al capital privado de la depredación: desde que asumió Milei se perdieron 30.000 empresas, según datos publicados por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo. Para Trabajo, en rigor, las empresas que cierran están en el promedio histórico; el problema, dicen, lo hallan en la cantidad que nacen.

La dolarización, pese al debate abierto por Gabriel Martino, Lucas Llach o Alfredo Romano en las redes sociales, no avanzaría, según contaron en el Ministerio de Economía y el Banco Central (BCRA). “Para dolarizar sin romper contratos, hay que tener suficientes dólares para cancelar todos los pasivos del BCRA en pesos. No los tenemos”, dijeron en el Gobierno.

En el oficialismo rescatan que el peso “flota”, pese a las restricciones para las empresas que quieren atesorar dólares, y agregaron que, en ese camino, el Central es comprador de divisas (viene bajando el ritmo de compras). ¿Cuál es la consecuencia? El balance del BCRA mejora y sus pasivos dominados por la moneda emitida se valorizan. El peso, que Milei llamó a destruir porque era una “basura que no servía ni para abono”, se fortalece.

“Milei vino a matar al peso y el peso lo está matando a Milei”. La frase de la última semana es del economista Leonardo Chialva. Hace referencia a la desmonetización de la economía, pero bien podría referirse también al impacto de lo que algunos denominan “atraso cambiario” más apertura.

Chialva, entrevistado por el ultramileísta Miguel Boggiano, describió las escasísimas posibilidades de que haya una corrida. No la descartó.

“Se compran US$1500 millones (por mes). ¿Qué está queriendo decir la gente que compra US$1500 millones? Que no quiere al peso. Milei vino a matar al peso y el peso lo está matando a él”, dijo respondiendo a la pregunta de Boggiano por los riesgos que ve en el programa económico. Con muy bajas probabilidades, aclaró, podría darse “una corrida del sistema financiero en dólares (...)”. ¿Cómo? “La gente saca los depósitos en dólares, caen los encajes de las reservas, te bajan las reservas, eso sale en los diarios, se dinamiza aún más el problema en una economía que está desmonetizada y en la que la gente no quiere pesos. Ahí podés llegar a tener el problema de la desmonetización total”, dijo y aclaró: “En la Argentina del ‘vinieron por todo’, se llevaron mi stock, mi renta, mi todo. Si vuelven, yo me llevo todo. Se te cae el sistema financiero en dólares y se te termina de caer en pesos”.

La última encuesta de la Universidad de San Andrés, publicada esta semana, muestra una intención de voto de empate técnico en la primera vuelta. Disclaimer: las encuestas vienen teniendo problemas para contener la complejidad de la realidad. Sin embargo, LLA se movió. ‘Blindar el cambio’ fue el llamado de Karina Milei a Mauricio Macri, el afectuoso abrazo del Presidente con el jefe de gobierno, Jorge Macri, y el viaje de Caputo al interior, chequera en mano, para visitar a gobernadores hasta ahora aliados.

Todo un montaje de sustentabilidad política para el mercado, que vive horas de nerviosismo con tasas altas en pesos a corto plazo que frenan la actividad y encarecen las refinanciaciones para el Tesoro a futuro; a eso se suman canjes incompletos de deuda en dólares y el aumento del riesgo país. Los cañones oficiales están sólo puestos en calmar al dólar. No hay pesos. Eso complica la “reactivación” de la que habló Caputo y el ritmo de recuperación, más lento, que mencionó Santiago Bausili en su visita cuyana.

La morosidad, además, contamina al sistema (las tasas altas son para todos) y el ingreso disponible de las familias sigue por debajo de lo que marcaba en noviembre de 2023. El “puchito” que queda luego de pagar los gastos en los hogares y el crédito son los dos motores que avala el Gobierno. Se podría sumar ahora a los préstamos en dólares, que para los economistas no moverá el amperímetro. No se espera un fuerte repunte del consumo masivo.

Sacando al campo y a la minería, la actividad se mantiene prácticamente estancada en los niveles de noviembre de 2023. Basta la encuesta del Indec entre industriales: en julio, casi un 50% dicen que los pedidos de los clientes viene por debajo de lo normal. El 52,9% habla de la baja de demanda interna. No se esperan mejoras en el próximo trimestre. ¿Por qué? Los salarios formales reales están 7% por debajo del primer semestre de 2023 y el empleo formal cayó 3,5% frente al cuarto trimestre de ese año (algo se recuperó con informales y cuentapropistas, y con 140.000 monotributistas).

La tasa de inversión viene cayendo desde hace varios trimestres, y un peso fuerte y una mayor apertura no estarían ayudando a derramar el crecimiento heterogéneo del PBI en sectores intensivos en trabajo. “Todo el mundo entiende que hay que abrir la economía para eliminar sectores fuertemente protegidos y poco competitivos. Vos abrís, pero nadie te dice cuáles son competitivos sin ser protegidos. No queda muy claro si después de abrir te queda algo”, alertó el economista Eduardo Levy Yeyati, que celebró la reducción del déficit fiscal, pero mencionó el impacto de que se haya conseguido con la reducción de la inversión pública, por ejemplo, en rutas.

Se abren tiempos de elecciones. Son momentos, en general, de cierta turbulencia. Habrá que abrocharse los cinturones. “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”, afirmó desafiante Milei en las últimas horas en el acto para rememorar la muerte del general San Martín. La frase deja abierta una pregunta. ¿Cuánto tiempo defenderán los argentinos la libertad si los beneficios no llegan? La respuesta la darán las urnas el año que viene.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/ni-devaluacion-ni-dolarizacion-milei-acelera-a-fondo-con-su-receta-nid19082026/

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