La industria energética argentina atraviesa una transformación profunda: el crecimiento de Vaca Muerta, el récord de exportaciones energéticas, el avance del proyecto de GNL y el impulso del RIGI muestran el enorme potencial que tienen los hidrocarburos en el país. En ese contexto, en el cuarto capítulo del summit de Energía organizado por LA NACION, Daniel Dasso, socio de Impuestos y líder de Industria, Energía y Minería de EY Argentina, conversó con José Del Rio, secretario general de Redacción del medio, sobre el potencial de este sector y los nuevos desafíos que debe enfrentar para acompañar esta expansión.
“Si miramos el escenario internacional, la Argentina está lejos de los conflictos bélicos, con un activo extraordinario tremendamente probado y con récord de producción, y también frente a un conjunto de países que tienen la ocasión de diversificar el riesgo de suministro. En ese contexto, creo que la Argentina está en una situación en la que agiganta su oportunidad; al mismo tiempo empieza a rugir probablemente una necesidad o conveniencia de acelerar la ejecución”, señaló Dasso.
El especialista resaltó que probablemente “la acción” sea la palabra que gobierne la industria en la próxima etapa. “Hace un año, hablábamos de que estaba apareciendo en la Argentina un siglo de riqueza empaquetado que el país no podía dejar pasar”, apuntó Dasso, y señaló que los nuevos estudios de Vaca Muerta indican que casi se duplicó la capacidad de petróleo recuperable en el país.
“Ya no son más 16.000 millones de barriles, son 30.000 millones o más. Si lo ves en términos de producción total, eso implica que aparecen, mágicamente, otra vez, 100 años de producción remanente. En ese contexto, la cuestión tiene que ver con que hay un costo de oportunidad en toda decisión que se demora. Lo que deja de producirse hoy, dentro de varios años probablemente valdrá mucho menos o el valor económico será nulo. De ahí la importancia, la necesidad de la ejecución y su celeridad”, explicó.
El especialista remarcó que esto implica un nuevo paradigma, que requiere un “llamado casi feroz a la productividad y competitividad”. Señaló que, si bien la Argentina cuenta con ventajas competitivas, también posee desventajas vinculadas, por ejemplo, a las extensiones de rutas a ciertos mercados, lo que “necesariamente se debe compensar con eficiencia, con productividad”.
Al mismo tiempo, explicó que la productividad y competitividad cuentan con limitantes en la Argentina. Desde cuestiones de infraestructura de evacuación en Vaca Muerta, hasta los recursos humanos –si no se administran adecuadamente–, el financiamiento, cuestiones culturales y de logística. “Si transportar uno de los recursos vitales para el fracking, que es la arena, demanda mover durante 1200 kilómetros ese producto y los caminos no están bien, claramente eso va a implicar incidentes, demoras y costos que afectan la productividad. Luego, también hay limitantes culturales, porque todo cambio implica muchas veces cierta resistencia y, cuando hablamos ahora de productividad y competitividad, son axiomas que deberían internalizarse en las compañías, ya no como una opción, sino más bien como una forma de ejecutar”, desarrolló Dasso.
Al consultarle por la posibilidad de una “enfermedad holandesa” —que un ingreso masivo de dólares ejerza presión a la baja sobre el tipo de cambio y aprecie el peso argentino—, el referente de EY fue contundente: “Es algo que indudablemente va a aparecer en la agenda pública en un tiempo”. Aclaró que no es un fenómeno del corto plazo y explicó que tiene que ver con la entrada masiva de divisas frente a una exportación masiva de recursos naturales, que implican apreciación del tipo de cambio, una reconversión de la matriz económica, productiva y de la actividad de determinado país. “Es una enfermedad de países ricos, que obviamente no tiene que menospreciarse, pero que al final del día tiene tratamiento”, agregó Dasso, quien indicó que, cuando llegue la oportunidad, habrá herramientas para preservar la competitividad de aquellos sectores que se consideran críticos y estratégicos para la Argentina.
El referente de EY señaló que la productividad y competitividad no son algo exclusivo de los productores, operadores o del primer anillo en los servicios petroleros, sino que abarca toda la cadena de valor. “Es un ejercicio de velocidades, incluso es hasta intuitivo, porque no es esperable que una capa del ecosistema se mueva a una velocidad muy alta y el resto de la industria se movilice en otra sintonía. Desde ese lugar, la especialización es otro de los temas que va a surgir en la industria con mayor intensidad: los proveedores ya no van a ser multiproducto, multicausales, sino que va a predominar la especialización, y la integración en la industria va a ser otro factor importante para robustecer la cadena de valor”, explicó Dasso.
“Si la condición es no claudicar en la construcción de previsibilidad, definitivamente estamos ante un punto de inflexión”, fue contundente el referente de EY, y mencionó varias iniciativas en carpeta del país que demuestran esto: “Tenemos un proyecto tremendamente importante de GNL, comandado por YPF, que tiene una inversión estimada de US$51.000 millones, superior a las reservas brutas del Banco Central. A eso se agrega cierta normalización institucional, el RIGI (ya no como instrumento de beneficio tributario, sino como herramienta de previsibilidad) y ciertas discusiones que se superaron en la sociedad argentina; tenemos las bases y los elementos que permiten sostener que los fundamentos están dados para una política pública en materia de energía, que nos posiciona generacionalmente en un cambio de época”.
