El bautismo de Isabella Barbini Balut reunió el 8 de enero a la numerosa familia rioplatense que han conformado los Paéz, los Balut y los Barbini. De 6 meses, Isabella es la segunda hija que la artista uruguaya Sofía Balut Páez (34) tiene con Adrián Barbini (54). Sofía –que es hija de Mercedes “Beba” Paéz y del arquitecto platense Alejandro Balut (fue el segundo marido de la exmodelo Teresa Calandra, con quien tuvo a sus dos hijos Hassan y Diego)– y Adrián también son padres de Milán, de 8 años. Y si bien viven en Barcelona, España (allí ella montó su estudio de arte y él tiene su agencia de representación de futbolistas y negocios inmobiliarios), decidieron hacer la ceremonia de bautismo de la nueva integrante de la familia en Punta del Este, cerca de Casapueblo, la icónica ciudad-obra que levantó el abuelo de Sofía, el reconocido Carlos Páez Vilaró.
“Venimos a Uruguay para esta época del año: nos quedamos dos meses y aprovechamos para estar con nuestras familias. Nos pareció ideal bautizar a Isabella en enero, antes de que todos retomaran sus agendas”, contó Sofía a ¡HOLA! Argentina. La ceremonia estuvo cargada de simbolismos: no solo porque Sofía y Adrián eligieron que el bautismo fuera en Nuestra Señora del Rosario, la misma parroquia de La Barra donde habían bautizado a Milán, su primogénita (Milán se llama así en honor a la ciudad en donde se besaron por primera vez), sino porque también repitieron el mismo “esquema 2x1”: dos madrinas (dos íntimas amigas de Sofía) y un padrino (por parte de Adrián). Y el padrino fue, además, el mismo que ofició de “casi celestino” y que, más tarde, sería testigo de su casamiento, en Italia, en 2016: el polista Andrea Vianini.
Después de la ceremonia, Sofía y Adrián organizaron un festejo para 50 invitados en su flamante casa ubicada en La Barra. Moderna y con aires balineses, la propiedad también tuvo su propio bautismo en estos días: se llama “Las Catalanas”, en honor a Milán e Isabella, ambas catalanas.
UNA HISTORIA PARA CONTAR“Todo fue muy emocionante. Durante la ceremonia, Isabella no paraba de sonreír, feliz de ser bendecida. Es una beba de luz y paz”, dice Sofía sobre su segunda hija, quien nació el 12 de julio del año pasado, con luna llena, en Barcelona, y es una beba arcoíris. Así se llama a los hijos que nacen después de pérdidas gestacionales, neonatales o perinatales; el término “arcoíris” simboliza la nueva vida después de la tormenta, el dolor y el duelo. El nombre de la beba lo eligió Milán, quien deseaba con fuerzas tener una hermanita.
“Con Adrián, empezamos a buscar un segundo hijo cuando Milán tenía 4 años. Pero tuve un embarazo ectópico y estuve de cara a la muerte. Después de la internación, en la cual me sacaron una trompa de Falopio, me llené de miedo y de angustia”.
–¿Hiciste tratamientos para quedar embarazada?
–¡No, Isabella vino cuando yo ya había dicho “basta”! Después del embarazo ectópico, tuve otros dos embarazos, que perdí espontáneamente. Aunque me habían sugerido hacer tratamientos, no quise: tenía muchísimas ganas de ser mamá, pero me había asustado. Sentí que el universo me decía que tener otro hijo no era para mí. Además, en mi familia, hay un hilo con historias fuertes, empezando por la de mi tío Carlitos, uno de los protagonistas de la llamada “tragedia de los Andes”; mi mamá, Mercedes , tuvo varias internaciones por temas cardiológicos; mi tía Magdalena tuvo síndrome de Takotsubo tras la muerte de mi abuelo… Decidí, entonces, enfocarme en mi trabajo .
–¡Y ahora estás bautizando a Isabella!
–¡Sí! Cuando me enteré de que estaba embarazada, con Adrián optamos por ser cautos: esperamos tres meses para ver si todo marchaba bien. Con terapia, fui trabajando mis miedos. Las palabras de mi tío Carlitos fueron de gran aliento: “Vos, tranquila. Si yo pude cruzar los Andes, vos también vas a poder”. Cada uno tiene su propia historia para contar, y siento que podría aportar mi granito de arena contando la mía. Puede ser a través de mi obra como a través de la palabra: para echar luz sobre los embarazos ectópicos, que suceden con más frecuencia de la que se cree, y para ayudar a que las mujeres nos alentemos entre nosotras; para que confiemos y no bajemos los brazos.
