Hizo “willi” en su moto, chocó contra un auto y tras 8 cirugías tomó una dura decisión: “No quería estar postrado tanto tiempo”

“Estaba mi mamá sentada a mi lado y, de repente, me largué a llorar, le dije que me quería ir a casa y que deseaba que me cortaran la pierna para que el dolor terminara. Le aclaré que no me importaba lo que pasara después, ya había perdido 20 kilos por no comer y no poder ir al baño. Estaba en las últimas”.

Federico Canal tenía apenas 19 años cuando, justo después de la amputación, intentó tocarse la pierna y su mano solo rozó el colchón. “Me pareció rarísimo”, recuerda, pero en ese instante se sentía bien: la anestesia lo mantenía ajeno a la dura realidad.

“Los días siguientes fueron complicados, un infierno. Era feo, tenía que volver a depender de alguien, parecía un bebé, no me gustaba, no podía dormir por los dolores fantasma, me estaba volviendo loco”, rememora.

Ese “accidente” que lo cambió todo

Antes del accidente, Federico llevaba una vida plena y activa, muy distinta a la de hoy. Se reunía casi a diario con amigos para correr por los campos, manejar moto, y soñaba con ser policía. Vivía con sus padres y su hermana y estaba en pareja con una chica.

Esa noche estaba en casa con ella, jugando a la compu. Acababan de cenar cuando llegaron unos amigos. Al principio no planeaba salir en moto como solía hacer, pero al final se animaron igual.

“El ‘accidente´lo provoqué yo con una mala maniobra: hice una ´willi´(wheelie en inglés) y choqué contra un auto estacionado. La moto me cayó encima y me corté la arteria poplítea, ligamentos, tendones y nervios. Me fracturé la cabeza del fémur. Básicamente, destrocé la rodilla entera”.

“Estuve al borde de la muerte”

Enseguida, lo trasladaron al Hospital San José de Pergamino, y de ahí lo llevaron a un centro médico en Junín. “Estuve al borde de la muerte porque corté la arteria y me estaba desangrando internamente, había perdido dos litros de sangre adentro del gemelo. De la internación me acuerdo algunas cosas muy variadas, ya que me daban muchas drogas por los dolores y demás, pero los médicos fueron muy profesionales”.

A Federico le hicieron ocho cirugías. Ahí los médicos le avisaron que debía pasar dos años en cama para intentar salvar la pierna. Si lo lograba, quedaría recta, inmóvil y rígida de por vida. Esa perspectiva lo hundió en una desesperación profunda. “No quería esa vida, postrado tanto tiempo, con una pierna inútil colgando como un peso muerto“, confiesa. Fue ese abismo de impotencia lo que lo empujó a decidir: “Amputen. Quiero empezar de nuevo, aunque sea con una prótesis”.

Durante los días posteriores se apoyó en el acompañamiento y amor incondicional de su familia que no lo dejó solo en ningún momento. Esa contención fue fundamental para poder aferrarse a la vida.

Además, en el peor momento de su vida reapareció el humor que lo ayudó a pasar esos días con otra actitud. Reírse de sí mismo fue una de las claves para empezar a ver esa luz al final del túnel, luego de haber llorado mucho durante los primeros tres meses tras ser amputado.

“Rehabilitación no hice, tuve acompañantes esos tres meses y después nada más. Por suerte, conocí otras personas que me veían como uno más, no como un pobrecito. Entonces, me alentaban a hacer cosas que, quizás, pensaba que no podía”.

Un clic inesperado y una nueva vida

Cinco meses después de la amputación, Federico recibió su primera prótesis. Con el tiempo se fue acostumbrando, pero al principio le costaba mucho usarla: era algo ajeno, que no formaba parte de su cuerpo.

“El clic pasó cuando estaba en un parque a punto de fumar un porro y vi que había gente entrenando. Hacían calistenia, me acerqué y conocí a Fede Vitelli y Valen Curti, muy macanudos, y ese día empezó mi cambio: pasar de ser un drogadicto tirado en la lona a la versión que hoy conocen de mí”.

La calistenia es un tipo de entrenamiento físico que utiliza el peso corporal como resistencia principal, sin necesidad de pesas ni máquinas, enfocándose en ejercicios como flexiones, dominadas, sentadillas y planchas. Este método promueve movimientos naturales y funcionales que mejoran la fuerza, la movilidad y el control corporal en cualquier lugar.

Un mensaje para las personas que se encuentran atravesando un momento complejo y no pueden salir adelante…

Se puede, pase lo que pase, todo pasa. Ármense de valor, esfuerzo y, sobre todo, convicción de que ustedes pueden. Vean el vaso medio lleno, no medio vacío. Si yo pude, ustedes también. Ánimos que la vida es una y hay que disfrutarla igual. Disfruten lo simple, escuchen los pajaritos, toquen el pasto en una plaza, huelan las flores, sientan el viento y valoren todo. No hace falta perder algo para ver el valor que eso tenía.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/hizo-willi-en-su-moto-choco-contra-un-auto-y-tras-8-cirugias-tomo-una-dura-decision-no-queria-estar-nid16012026/

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