CÓRDOBA.– El rugby ha adquirido una forma tal que no gana el más dotado sino el que aprovecha mejor sus momentos y neutraliza los del rival. Hace rato que la creatividad quedó supeditada a la fuerza. Ahora, además, la estrategia se convirtió en un accesorio de la atención. Excepto por Sudáfrica, no hay demasiado espacio para la innovación. En la elite de los 10 o 12 mejores equipos, todos tienen un libreto similar, algunos más osados, otros más conservadores, otros más equilibrados. Siempre sobre la base de la imposición física. Ante igualdad de fuerzas, lo que marca la diferencia es tener la mayor capacidad de atenerse a libreto preestablecido.
El sábado ante Escocia los Pumas cometieron sólo ocho penales y tuvieron una efectividad en el tackle del 89%. En las formaciones fijas obtuvieron el 100% de las pelotas propias. Así y todo sufrieron siete tries en contra y llegaron a estar abajo por 23 puntos de diferencia. Los dos tries sobre el final no hacen más que resaltar lo intermitente de su actuación y echan por tierra cualquier sospecha de falta de actitud. Hubo momentos en los que pudieron imponer su juego, en ataque y en defensa, pero predominaron largas lagunas en las que el equipo lució desconectado.
La primera fecha del Nations Championship arrojó un promedio de 63,5 puntos y nueve tries por partido. El de los Pumas fue el más prolífico (85 puntos y 12 tries), mientras que Japón 27 vs. Italia 10 fue el de menos (cuatro tries). Sudáfrica alcanzó la victoria más abultada merced a un 45-21 sobre Inglaterra en el partido de la fecha (por sobre el de All Blacks vs Francia dado a la cantidad de bajas que sufrió Les Bleus). Y todavía está fresco en la mente de los amantes del rugby el éxito 50-40 de Escocia sobre Francia en el reciente Seis Naciones.
Al margen del debate sobre si este status quo hace que el rugby sea más atractivo o pierda algo de su esencia, lo primordial es adaptarse. Si la fórmula line-out, maul y pick-and-go es el camino más directo al try, la premisa será evitar penales innecesarios, y luego tener capacidad defensiva. Si bien lo primero se logró en la generalidad del partido, como muestran las estadísticas, fue en los momentos de desconcierto donde aparecieron infracciones no forzadas que terminaron por definir el encuentro, especialmente entre los 10 y 30 minutos del segundo tiempo. Aunque la estadística indique que el scrum propio fue efectivo, cuando arrojó el rival costó dos penales caros. La defensa del maul tampoco fue efectiva y allí sobrevinieron dos tries por esa vía. Otro lapso de desconcentración fue al final del primer tiempo, aunque allí se produjo la única recuperación in extremis de los Pumas en todo el partido.
“Nosotros sabíamos antes del partido que Escocia es uno de los equipos que más juego propone y que iba a ser un desafío enorme para nuestra defensa”, reconoció el entrenador Felipe Contepomi tras el duelo. “Tenemos que ir mejorando mucho, porque 40 puntos es bastante. Hay quiebres que creo que se podrían haber evitado con un poquito más de trabajo y de detalle en ciertos aspectos defensivos. Hoy Escocia manejó mejor las formaciones fijas, especialmente cuando entró en nuestras 22 yardas nos hizo mucho daño.”
Otro aspecto central para marcar diferencias en el rugby actual, hiperestructurado, es gestionar el caos. Un ítem en el que los argentinos se habían vuelto especialistas en los últimos dos años, esta vez lo sufrieron en carne propia. El try de Cummings es una clara muestra: los Pumas recuperan una pelota en el contacto pero la vuelven a perder inmediatamente y la contra de Escocia fue letal. Otra forma de romper con las estructuras es con el juego aéreo. Los visitantes lo ejecutaron con maestría, recuperando un porcentaje altísimo de cargas propias, no sólo consiguiendo posesión y territorio sino también desorden y desequilibrio.
“Coincido en que perdimos la batalla aérea”, aceptó Contepomi. “No es que no la trabajamos; el año pasado había sido un fuerte nuestro. Por ahí ellos hicieron mucho hincapié en eso y sacaron su rédito. Si el problema fuese actitudinal, el equipo bajaba la persiana en el minuto 60 y no recibíamos 40 puntos, recibíamos 100. Sin embargo, se siguió luchando hasta el final.”
La actitud, ciertamente, no es en este caso algo que deba preocupar, pero sí algo a corregir de inmediato. Se espera una reacción para el partido del sábado ante Gales en ese sentido. Suele ocurrirle seguido a este equipo. Luego de un partido en el que quedan en deuda en materia de entrega, reaccionan con una actuación aplastante. Después de comenzar dormidos ante Francia B en Mendoza en 2023 (derrota 28-13), fueron feroces en la revancha en Vélez. Una semana después de caer malamente ante los All Blacks el año pasado aquí (41-24) los vencieron por primera vez en la historia como locales, también en el Amalfitani. Tras la paliza propinada por los Springboks en septiembre (67-30), cerca estuvieron de dar el golpe siete días más tarde en Twickenham ante los bicampeones del mundo (29-27).
“No nos pueden volver a pasar esas cosas”, dijo recientemente Pablo Matera respecto de aquella caída en Durban, la peor del ciclo en función del rendimiento y las expectativas. Lo que ocurrió el sábado no se acerca a ese nivel de batería baja. Antes bien, fueron lapsos de desconcentración, mucho más largos de lo deseable (la segunda mitad del primer tiempo y entre los 10 y los 30 del segundo), donde el equipo no tuvo la intensidad ni la atención que exige un rival como Escocia, que jugó un gran partido.
La falta de trabajo para un equipo que no actuaba en conjunto desde hace siete meses es un factor considerable, pero ya no correrá para el próximo compromiso. Gales será el rival, un equipo al que se venció por 52-28 en noviembre y, como los escoceses, querrá revancha. Llega más armado que entonces, con algunas victorias a cuestas (ante Italia en el Seis Naciones y ante Fiji este sábado), pero no deja de estar un escalón por debajo de los Pumas. Tendrán que ratificar esa presunción adentro de la cancha.
