El pacto secreto detrás de las fotos inéditas de Lionel Messi a los 18 años en Rosario que se volvieron tendencia mundial

Corría el año 2005 y un joven redactor publicitario, Nicolás Ferrario Marín, se encontraba en la ciudad de Rosario ante un desafío profesional que, sin saberlo, marcaría su vida y la historia deportiva. La agencia para la que trabajaba buscaba una cara nueva para una campaña de la tarjeta de crédito MasterCard, para aprovechar la fiebre mundialista que se avecinaba con Alemania 2006. Lo que comenzó como una necesidad presupuestaria para cubrir la vacante dejada por un costoso Juan Román Riquelme, terminó convirtiéndose en el registro visual de un momento fundacional: los primeros pasos de Lionel Messi como una estrella mediática, mucho antes de que el mundo conociera la magnitud de su leyenda.

Durante años, Ferrario Marín guardó con recelo una serie de fotografías analógicas capturadas con su cámara Pentax K1000 en el Monumento a la Bandera. Recientemente, decidió compartir este material en su sitio personal y generó un impacto inesperado en redes sociales. Según explicó en diálogo con LA NACION, su motivación fue puramente desinteresada: “Escribí la historia porque quería dar a conocer esas fotos que sé que tienen un valor histórico y que me parecía muy egoísta de mi parte guardármelo”. La respuesta fue inmediata: casi 30 mil personas leyeron su crónica, con un tiempo de permanencia promedio que superó los 30 minutos, algo que describió como “alucinante” y que le dio mucha felicidad.

La odisea de la producción publicitaria

El contexto de aquella filmación era precario. Según relata Ferrario Marín en su crónica, el equipo de producción, liderado por jóvenes creativos, debía convencer a los altos mandos de la marca en Nueva York de apostar por un jugador de 18 años que apenas comenzaba a sumar minutos en el Barcelona. El éxito de la idea, que llegó a ganar premios prestigiosos en la industria como los Young Creatives en Cannes, fue una apuesta arriesgada. “Tuvimos que ir a Nueva York a explicarle quién era Maradona a la directora creativa global de Mastercard, presentarle la idea y convencerla de apostar por Messi. El cliente de Argentina quedó chocho porque en ese momento la campaña fuerte era la de Tevez, lo de Messi era complementario”, recordó el autor.

La filmación en Rosario estuvo marcada por la improvisación. Al llegar al Monumento a la Bandera, el equipo se enfrentó a un error técnico inesperado: Messi vestía una camiseta de la marca Adidas, competencia directa del patrocinador de la campaña, MasterCard. “Estuvimos filmando hasta que nos dimos cuenta que no podíamos usar la de Adidas. De las imágenes que filmamos no se terminó usando nada, se usó todo archivo de los DVD que me dio Jorge”, explica Ferrario Marín. En medio de la confusión, su propia indumentaria sirvió como solución improvisada ante la falta de recursos, un detalle que hoy recuerda entre risas por la desprolijidad del momento.

El encuentro bajo las Tipas y la promesa que finalmente cumplió

Uno de los episodios más humanos y reveladores de su relato es el almuerzo compartido en el parque, bajo la sombra de las Tipas, los árboles icónicos de Rosario. En un gesto de complicidad genuina, Ferrario Marín decidió invitar a comer a un joven Messi que, al no tener dinero encima ni bolsillos en su pantalón deportivo, le confesó que no podía comprarse un pancho. “Fue un segundo, un movimiento reflejo. Messi se llevó las manos a los costados del short de la AFA. Se palpó la tela blanca. Se miró las piernas. Y después me miró a mí con una expresión de desconcierto infantil. No tenía bolsillos”, detalla el escritor.

Esa comida, un pancho con mostaza frente al río Paraná, cimentó un pacto simbólico entre ambos. El redactor, consciente de la presión que se le vendría encima al joven crack, le lanzó una promesa en tono de broma: “El día que ganes el Mundial, yo le voy a contar a todo el mundo que te pagué un pancho”. Messi, con la timidez que lo caracterizaba, simplemente sonrió y asintió. 20 años después, con la tercera estrella bordada en el pecho argentino, Ferrario Marín decidió cumplir con su parte del trato, con lo que cerró un círculo que comenzó en la precariedad de una productora publicitaria y culminó en la cima del deporte mundial.

La autenticidad de un recuerdo construido

Al ser consultado sobre cómo lograba reconstruir diálogos tan precisos después de dos décadas, Ferrario Marín reconoce el uso de herramientas literarias para potenciar la narrativa. “Sería ingenuo de mi parte no reconocer ningún tipo de floreo literario. Si bien intenté hacerlo lo más cronológico y una crónica, hay mucho que lo fui construyendo. Lo que recuerdo es lo que en mi cabeza fui repetiendo todos estos años”, admite. No obstante, sostiene que el corazón de la historia es genuino: la sencillez de un Messi que, a pesar de estar dando sus primeros pasos profesionales, conservaba la esencia del chico de barrio de La Bajada.

La repercusión de las fotos no pasó inadvertida, sino que personas de diversas partes del mundo, desde Bangladesh hasta Inglaterra, le escribieron para elogiarlo por las imágenes. El autor aclara que su intención nunca fue buscar un rédito personal o comercial, sino compartir una pieza de historia argentina que permanecía oculta en un cajón y que “hoy sería imposible hacer esa foto”. Aunque intentó contactar a la familia Messi para hacerles llegar el material, comprende la magnitud de la agenda del astro: “Le mandé un mensaje a Antonela, Lionel y Jorge, pero debo ser uno de los 800 millones de mensajes que deben tener. Mi objetivo no es que ellos lo lean, pero ojalá que sí y que les guste”.

El camino posterior del narrador

Tras aquella campaña, las vidas de ambos tomaron rumbos divergentes: Messi se convirtió en el futbolista más grande de todos los tiempos, mientras que Ferrario Marín desarrolló una exitosa carrera internacional en la comunicación, la literatura y la exploración científica. Actualmente es reconocido como Explorador de National Geographic por su innovación en storytelling, donde comparte con expertos de la talla de James Cameron, además de trabajar como asesor para las Naciones Unidas y hasta colaborar con Fito Páez para un videoclip.

Su trayectoria profesional refleja un interés constante por la narrativa, tanto en formatos digitales como analógicos. Es fundador de Ateneo Islandia y Talk2U, empresas que aplican la tecnología y la inteligencia artificial para generar cambios sociales. “Tengo una carrera hermosa, trabajé muchos años en publicidad en diferentes países. Después me fui hacia el lado de la literatura, del guion, de las ideas”, explica al repasar su presente. A pesar del éxito global y el reconocimiento, confiesa que su paso por la publicidad en el año 2005 sigue como uno de sus recuerdos más vívidos y entrañables, principalmente por la lección de humildad y humanidad que representó aquel día de diciembre en Rosario.

La decisión de publicar las imágenes en este momento no fue azarosa. El autor revela que, tras vivir años en el exterior, el proceso de mudanza a Buenos Aires y sus compromisos creativos con su novela “La vida útil”, publicada por la Editorial Mansalva, el momento parecía indicado. “Yo creo que esperé, consciente o inconscientemente, a que arranque el nuevo Mundial”, admite, refiriéndose a la expectativa global que genera la máxima cita futbolística. La viralización de su historia, dice, le provoca una gran satisfacción personal porque reafirma la conexión emocional que el público mantiene con la figura del capitán de la selección argentina.

El valor de lo material versus lo inmaterial

Durante la entrevista, Ferrario Marín se refirió también a los objetos que conservó de aquel día, como una camiseta y una bandera firmadas que decidió regalar a sus seres queridos. A pesar de que tales artículos podrían tener hoy un valor monetario incalculable para un coleccionista, él asegura no sentir arrepentimiento por haberlos cedido. “No me cambiaría tener o no una remera firmada por él, no tengo ese apego por lo material. De hecho, tampoco tengo una foto con Messi. Sobre el pacto, no esperaba que me retribuyan nada, ni espero que me retribuyan nada, pero me da mucha felicidad que la gente lo lea”, afirma con convicción.

La historia, que nació bajo el sol agobiante de Rosario, logró trascender la anécdota personal para instalarse en el imaginario colectivo como un símbolo de la trayectoria ascendente del ídolo. Para muchos, las imágenes representan el último eslabón de un Messi terrenal, aquel que caminaba por la costanera con una pelota bajo el brazo y los cordones desatados, antes de que el peso de la gloria transformara su cotidianidad para siempre.

Ferrario Marín cierra su reflexión con énfasis en que su único objetivo era que la historia, guardada durante años como un tesoro personal, cumpliera finalmente su ciclo de ser contada, compartida y, sobre todo, disfrutada por aquellos que ven en la trayectoria de Messi una parte fundamental de su propia historia de vida.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/el-pacto-secreto-detras-de-las-fotos-ineditas-de-lionel-messi-a-los-18-anos-en-rosario-que-se-nid03072026/

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