Adela Gleijer y Juan Manuel Tenuta: un amor que nació en un teatro, se afianzó en la militancia y supo escaparle a la rutina

Adela Gleijer y Juan Manuel Tenuta conformaron una de las parejas más queridas del mundo del espectáculo. A pesar de ser “orgullosamente” uruguayos, buena parte de sus carreras y sus vidas transcurrieron en Buenos Aires, y fue esta ciudad la que los vio, durante décadas, buscar placitas alejadas para disfrutar del sol y de la compañía del otro sin intermitencias.

A principio de este siglo, el actor le contaba a LA NACION: “Tenemos un autito al que llamamos Conociendo Buenos Aires, y con él recorrimos cada rincón de esta ciudad, que tiene una arquitectura maravillosa”. Y su esposa, la reconocida actriz que falleció este martes, explicaba: “Hace 30 años que vivimos aquí. Nos encantan los barrios alejados y las plazas”.

Tenuta y Gleijer se conocieron en el legendario teatro El Galpón, de Montevideo, al que dedicaron buena parte de su vida artística y afectos. Adela era estudiante de teatro y “Nino”, un actor hecho y derecho, fundador y dirigente de esa prestigiosa institución.

Se habían visto mucho, pero empezaron a enamorarse en 1956 en la temporada de El centreforward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani, en la que Tenuta hacía de Lupus y Adela de un fugaz paje que no pronunciaba palabra. Luego de apenas cuatro meses de noviazgo (“Apretábamos mucho... Era un calor aquello”, evocaba Adela) se casaron, luego de que Juan Manuel, un 24 de noviembre, a modo de formal solicitud de mano, acercó a su suegra un ramo de flores rojas. Estuvieron juntos más de cincuenta años, hasta el fallecimiento del actor de Esperando la carroza, en 2013.

En el medio, tuvieron una hija, la también actriz Andrea Tenuta. “Nos casamos en una época en que la gente se casaba, incluso en ámbitos como los que nosotros frecuentábamos, los del teatro y de la militancia. Los dos veníamos de una familia constituida. No era nuestra meta, sin embargo, tener una casa propia. Recién a los 35 años de casados la pudimos comprar. Hasta ese momento, si teníamos que elegir entre una casa propia y hacer un viaje, preferíamos viajar”, contó Gleijer, en aquella entrevista conjunta.

Cuando se les preguntaba cuál era el secreto para mantener una relación sana y amorosa por tanto tiempo, el actor explicaba: “El asunto fue mantener el amor, pero no hubo fórmulas. Creo que en lo nuestro influyó muy fuerte la cuestión ideológica. Los dos somos de izquierda y siempre salimos a la calle a reclamar por la paz y por las causas que creemos justas y mejores”.

“Hace poco a nuestra hija Andrea le preguntaron lo mismo sobre nosotros y respondió que, según ella nos veía, estábamos unidos por el amor y por el humor. Y es cierto, porque lloramos muy fácilmente y nos matamos de risa con la misma facilidad. Pero no hubo recetas. Así se dieron las cosas. Imaginate que en tantos años también pasamos momentos muy difíciles. Pero ninguno de esos momentos fueron lo suficientemente graves como para separarnos. Personalmente, creo que hay cosas que se resignan. Pero, ¿qué es lo que no se resigna en una vida en sociedad? Es de persona adulta resignar. En materia de amor, no toda la vida uno se la pasa al borde del abismo”, agregaba la actriz, dando a conocer, sin saberlo, algunos de los ingredientes de esa receta “inexistente”.

Y entonces, Tenuta agregaba algunos condimentos más: “En tantos años no nos pesó la rutina. La lucha por el compromiso nos unió mucho”.

La actriz reconocía, además, que con el correr del tiempo fueron encontrando más cosas en común: “Es asombroso, te lo puedo asegurar. Hasta tenemos autores que nos gustan a los dos. A José Saramago lo leímos de arriba abajo”, indicaba. Y su esposo resaltó más coincidencias: “También somos muy mimosos los dos. Gente que quiere y que necesita ser querida”.

Por supuesto que, también, eran concientes de las diferencias y aprendieron a respetarlas. “El es más conservador en las cosas de la vida, en las relaciones con la gente, yo también creo que soy más moderna que él. Y esto no tiene nada que ver con la edad", bromeaba la actriz.

A pesar de haber trabajado incansablemente durante varias décadas, en algunas de las películas, obras de teatro y programas televisivos más exitosos, nunca tuvieron como meta convertirse en millonarios. “Con el dinero siempre fuimos una desgracia”, resumía Tenuta. Y Gleijer lo corregía: “No, che, no exageres. Somos laburantes y, a veces, muchas, tuvimos sólo como para vivir al día. Elegimos vivir dándonos ciertos gustos cálidos, aunque nuestro auto tuviera 20 años. Compramos un departamento mucho más tarde de lo que pensamos”.

“En esto yo tengo otra visión. Es que cuando éramos jóvenes estábamos en otra cosa. Eramos de los que creíamos que el socialismo o la reforma agraria estaban a la vuelta de la esquina”, explicaba el actor.

Los dos coincidieron en que a lo largo del tiempo vivieron varias peleas, pero que no duraban mucho tiempo enojados. "Yo soy muy polvorita, estallo en seguida. Él es el que mantiene el estandarte de la paz. Él es más bueno que yo...Yo soy la más peleadora. Pero nos agarramos por pavadas. Lo que más me enoja es que él, para no herir, acepta encuentros que sólo le acarrean pérdidas de tiempo. Yo lo admiro por eso, pero también se lo reprocho. Es bello lo que hace, pero no es justo para él. El es... ¡muy bueno! Por eso yo, para contrarrestar, debo ser un poco menos buena. El necesita ser más amado que yo", revelaba la actriz.

Y su amado esposo explicaba: “A mí me cuesta mucho enojarme... Hubo momentos en que Adela me señalaba, con razón, que alguien me estaba jorobando en los negocios y a mí me costaba mucho verlo. Trato, primero, de entender a los demás”.

“Yo lo quiero, justamente, porque es así, pero a veces también lo quiero matar, porque se le va la mano de bueno. Él, a su vez, piensa de mí que con ciertos juicios voy más allá de lo debido y entonces suaviza. Y yo creo que él se queda demasiado atrás y entonces arremeto. Yo soy cordial, pero él es de una cordialidad innata. Imaginate que algunos amigos le pusieron Cardenal Samoré. ¿Te acordás? El mediador de la Guerra de Malvinas”, ejemplificaba Gleijer. “Sí, yo soy cordial, salvo con los fascistas y los racistas, ésos me sacan. En todo lo demás, soy un componedor”, aceptaba Tenuta.

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Con respecto a qué los llevaba a reconciliarse luego de cada discusión, Gleijer revelaba: “No es la cama, no es el sexo: es el humor. Y la incondicionalidad del amor, porque también somos súper románticos”.

Al ser los dos actores, reconocen que hubo momentos de muchísimo trabajo y otros en los que tenían que arreglárselas para sobrevivir. Sin embargo, para ellos ese tampoco era un problema: “A algunos le podrá parecer que mentimos, que lo nuestro es idilio puro, pero no es así. Lo nuestro es la incondicionalidad, el apoyo a ultranza. Si está con trabajo, bueno. Si no, da igual. Estamos juntos porque la nuestra es una relación entrañable”, aseguraba Gleijer.

Y, resumiendo su historia de amor, explicaba: “Hay muchas razones por la que estamos juntos y eso no quiere decir que no hayamos tenido peloteras, silencios, chinches muy serias. Nadie nos obliga a estar juntos, pero no sabríamos cómo se hace para vivir separados. Yo cada tanto le pregunto a Nino: ‘Decime, ¿es mejor que yo esté en tu vida o que no esté?’. Y él, a veces más rápido, a veces más lento, siempre me responde: ‘Adelita, es mucho mejor que estés’“.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/adela-gleijer-y-juan-manuel-tenuta-un-amor-que-nacio-en-un-teatro-se-afianzo-en-la-militancia-y-supo-nid20012026/

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